El universo del dibujo en Cachorros de tigre
Los teóricos renacentistas definían el dibujo (disegno) como la base de todas las artes visuales. Era a través de su práctica que los artistas podían llegar a considerarse verdaderos maestros de la pintura, la escultura o la arquitectura (o todas, si eras Miguel Ángel). El dibujo era el primer bosquejo de una idea hecha materia, un puente entre la idea y la realidad.
Posteriormente, con el romanticismo, el dibujo comienza a verse como una manifestación de la subjetividad, del mundo interno, una manera de explorar la percepción pasada por el tamiz de la psique; de ahí que se volviera un espacio de exploración y de práctica, incluso para aquellos que no eran artistas ni pretendían serlo, como un joven Maximiliano de Habsburgo que buscó retratar su realidad y lo que le acontecía a través de juveniles bocetos en su diario.
Durante el siglo XX, en el contexto de las vanguardias y la modernidad, el dibujo fue concebido como un lenguaje propio, una manera de articular el pensamiento que no se limitaba a ser parte del proceso pictórico o arquitectónico. La famosa frase de Paul Klee, “dibujar es llevar una línea a pasear”, capta la esencia de ese cambio: dibujar es como caminar, tan natural e instintivo al grado de llevarnos a lugares inexplorados.
Esa y otras reflexiones del estilo son las que propone la exposición Cachorros de Tigre. Un universo posible de dibujo en México a través de la obra de 100 artistas que confluyen en un diálogo intergeneracional, mezclando a maestros como Gerardo Murillo, Juan Soriano o Remedios Varo, con obra de artistas emergentes cuyo talento se aglutina en un común denominador: el dibujo.
Lo que vemos en esta exposición no son bocetos ni exámenes preparatorios. Son obras que por sí mismas exhalan la misma valía de cualquier pintura; no hay falta de color, ni de exploración técnica, por el contrario, reflejan esa autonomía de la obra terminada que se condensó en un dibujo. Al recorrer la muestra justamente vamos entendiendo la propuesta curatorial en la que se intenta abrir el universo del dibujo para que quienes acudimos nos adentremos en él y veamos sus espléndidas posibilidades. No solo es lápiz y papel en blanco, no es solo imitar la realidad. Puede leerse en las obras la idea del dibujo como forma de pensamiento, una idea planteada por John Berger. Para el teórico del arte, dibujar es una manera de mirar intensamente y de establecer una relación atenta y presente con el mundo. En Cachorros de Tigre, el dibujo parece volcarse hacia lo interno, hacia lo personal, hacia las amistades, la familia o la memoria, al deseo o a la imaginación. Al paisaje o incluso la crítica.
Poderosa también es la metáfora que adorna el título de la exposición. Los cachorros remiten a una condición de potencia, a algo que está naciendo o en formación, como solemos pensar al dibujo. Por su parte, el tigre nos evoca la fuerza, la madurez, la majestad de la fiera. En conjunto, esta metáfora puede leerse como si el dibujo fuera dos cosas a la vez, la potencialidad del lenguaje plástico en su más puro estado y la completitud de un lenguaje al que no le falta nada, porque se basta a sí mismo para comunicar.
Debo confesar que la museografía me pareció interesante. Uno no se va a encontrar con obras dispuestas paralelamente, sino con una composición que rompe con el montaje tradicional prescindiendo de las cédulas, permitiéndonos ver distintas propuestas dialogar en un solo espacio y de una sola mirada. Ahí corren vertiginosas las líneas interpretativas de quien llega a ver con curiosidad y no con desgano, 100 exploraciones de una actividad tan humana como caminar.
El acierto más grande es que la exposición nos invita, en última instancia, a reconsiderar el lugar del dibujo dentro de las prácticas artísticas contemporáneas. Una escena de un superhéroe sacado de un cómic, nos refleja el talento de su creador y las posibilidades de los bolígrafos de colores en una hoja de cuaderno; es ahí cuando nos cae el veinte de que el dibujo no es un medio menor o auxiliar y preparatorio, es una forma de conocimiento y experiencia estética autónoma. Un territorio fértil para sentir, pensar y seguir creando. La muestra estará disponible hasta el 22 de mayo en la sala ocho del museo Pedro Coronel, no dude en visitarla.
