ZACATECAS. El salir a jugar a la calle ya no forma parte de los hábitos de la infancia en la zona metropolitana. Para Ivanna, Emilio y Avril, el juego está restringido al parque o a la casa.
Los testimonios de estos infantes y de especialistas coinciden en que la calle se ha convertido en un espacio no apto para el juego y la recreación, lo que limita experiencias esenciales para crecer.
TEMOR A SALIR
Ivanna tiene cuatro años y cuenta que sus juegos favoritos son las muñecas, la cocinita y convivir con sus mascotas: Pixie y Porfirio. Para ella, la calle parece un lugar prohibido.
“Porque ahí nos pueden machucar; solo mi tita [su abuelita] me puede sacar”, expresa la pequeña, quien, disfrazada de la Mujer Maravilla para asistir al festejo escolar por Día del Niño y la Niña, confiesa que prefiere jugar en el parque o en casa, donde se siente segura.

Mientras que a sus ocho años, Emilio dice que prefiere divertirse con “las traes”, además de practicar karate, pero que no puede jugarlo en la calle “porque es muy peligrosa”. Aunque no ha tenido malas experiencias, recuerda la advertencia: “Me pueden robar”.
Después de la primaria, el niño pasa la mayor parte del tiempo en casa, por lo que, dice, disfruta columpiarse cuando visita a sus abuelos en el rancho, una vivienda con patio amplio que le permite jugar con mayor libertad.

Por su parte, Avril, de 11 años, disfruta del basquetbol, su deporte favorito, pero también de las escondidas, los congelados y el bebeleche. No obstante, como los otros niños, tampoco juega en la calle.
“Por donde yo vivo pasan carros y motocicletas a alta velocidad, además mi calle está muy sola”, explica la preadolescente, quien describe el lugar ideal para jugar como un espacio al aire libre, “donde haya más seguridad, donde estén mis papás a la vista y se estén divirtiendo como yo”.

UN ELEMENTO ESENCIAL
“El juego es a los niños lo que el trabajo es a los adultos”, sostiene Martín Letechipía Alvarado, psicólogo y maestro titiritero, al destacar la importancia del juego colectivo como una herramienta fundamental para el desarrollo de la personalidad.
Explicó que el juego cumple una función clave en el desarrollo humano, ya que permite fortalecer aspectos emocionales, afectivos y psíquicos, además de fomentar el aprendizaje de reglas y la empatía.
Con el avance de las tecnologías, advirtió, se han modificado las formas de jugar y el tiempo que se invierte en ello, además se ha reducido la práctica de juegos colectivos.
“La única oportunidad que tienen de jugar colectivamente es en la escuela, con horarios muy restringidos. Ya no juegan de manera comunitaria en el barrio o en sus colonias”, mencionó.

UN ESPACIO ROBADO A LAS INFANCIAS
El también fundador del Fandango de Arte Gachita Amador, un festival dedicado a las infancias, expone que un indicador de salud en una ciudad es observar a los niños desplazarse libremente por las calles.
Sin embargo, lamentó, esto cada vez ocurre menos. “Ya no juegan como antes, están recluidos en sus casas. Esto les quita la posibilidad de aprender del juego colectivo, que era maravilloso”.
La falta de contacto con la calle y con otros infantes, añadió, limita la experiencia sensorial directa, el uso del cuerpo y la activación de los sentidos, lo que podría tener consecuencias a futuro.
“Un niño que no juega lo suficiente en su infancia está limitado en cuanto a la experiencia sensorial plena”, advirtió, al tiempo que enumeró que entre las posibles consecuencias están la ansiedad, angustia y miedo, debido a la falta de conocimiento de su propio cuerpo, emociones y de la convivencia con otros.

UN DERECHO COARTADO
La abogada Cristela Trejo Ortiz, quien es defensora de los derechos de la infancia, lamentó y alertó sobre la pérdida del juego como un elemento esencial en el desarrollo, a pesar de ser un derecho de niñas y niños.
Explicó que, desde una visión adultocentrista, el juego suele percibirse como un privilegio y no como una necesidad. “No hay permiso de jugar; hay reglas que se imponen desde la familia y la sociedad, cuando el juego es algo innato en las infancias”.
Advirtió que cada vez hay menos espacios para la recreación libre entre pares, lo que se sustituye con más actividades estructuradas, como cursos o talleres, donde se limita esta interacción entre los infantes.
En el marco del Día del Niño y la Niña consideró fundamental el fomentar el juego durante todo el año, al ser una herramienta clave en el proceso de crecimiento.
A la par, resaltó la necesidad de recuperar los espacios públicos y fortalecer las condiciones de seguridad para que las infancias jueguen. “Al querer proteger, estamos coartando la libertad del juego en espacios públicos”.
