“La responsabilidad de ser un buen ciudadano”
Mi nombre es Estrella Monserrat Alvarado Baires, tengo diez años y estoy cursando el quinto grado de primaria. El día de hoy les platicaré cómo me convertí en guardiana del patrimonio por parte de mi escuela, Niño Minero, que está ubicada en el municipio de Vetagrande, Zacatecas.
Todo comenzó un día normal para mí. Durante las clases, vimos como personal de la Fiscalía General de Justicia del Estado de Zacatecas y la Junta de Protección de Monumentos llegaron y comenzaron a platicar con nuestra directora. Al terminar de platicar, se acercaron a nuestro salón y nos presentaron a las personas que nos visitaban.
Al siguiente día, volvieron a llegar esas mismas personas a nuestra escuela y se acercaron a nuestro salón para hacer una actividad con nosotros. Todo fue una sorpresa. Nos empezaron a platicar sobre el significado de la corrupción, la legalidad y el respeto a los monumentos y la propiedad; después de eso, nos dijeron que haríamos un ejercicio muy bonito, que fue pintar.
Ahora bien, todos me dirán: ¿Por qué pintar? Pues sí, ¡fue la segunda actividad! Nos dieron una loseta de barro, pinturas de diferentes colores y pinceles. Cada uno de mis compañeros y compañeras hizo una obra de arte, pintando diferentes dibujos muy bonitos.
Ya cuando todos habían terminado o tenían casi completo su dibujo, nos dieron una indicación. Al principio todos pensamos que sería algo divertido, como lo fue pintar las losetas de barro, pero no; fue todo lo contrario, porque nos pidieron que destruyéramos lo que habíamos creado. Cuando me dijeron eso, por mi cabeza pasaron las siguientes preguntas: “¿Y para qué destruirlo?”, “¿Dónde quedó mi esfuerzo?”. En ese momento, ellos nos dijeron cómo podríamos restaurar nuestra obra de arte.
Nosotros mismos, como sociedad, destruimos, rayamos y maltratamos las propiedades, como las casas, los parques y las canchas, entre otras cosas; pero también los monumentos históricos que nos representan y dan identidad. En un abrir y cerrar de ojos, sin importarnos el esfuerzo y el valor con el que se ha puesto empeño en realizarlo, lo destruimos.
Nos dimos cuenta de que no importa cuántas veces volvamos a restaurar algo, ni tampoco qué tan cuidadoso sea el trabajo que hacen para restaurar: simplemente ya no queda igual y no es lo mismo. Eso nos afecta como ciudadanos y en nuestra identidad; es ahí donde nos damos cuenta de que todos nuestros valores son importantes para ser un ciudadano de bien.
Ser un buen ciudadano no solo es portarse bien en casa, sino que debemos llevar nuestros valores más allá de nuestra comodidad. Un gran ejemplo de ser un buen ciudadano es no ser corrupto. Es aquí donde empieza la pregunta: “¿Qué es la corrupción?”. Para mí, en poquitas palabras, es hacer trampa para lograr algo que deseamos sin importar las consecuencias.
Entonces, si soy corrupto… ¿no soy honesto? Pues realmente no. Ser honesto significa decir siempre la verdad y hacer las cosas siempre por el buen camino, paso a paso.
Cuando hacemos las cosas con honestidad y lealtad a nuestros valores, cada logro y cada triunfo nos sabe mejor. Nos sentimos bien y, como personas, les enseñamos a nuestra comunidad y a nuestra ciudadanía que sí podemos hacer las cosas por el buen camino de los valores. No importa si somos adultos, viejitos, niños, niñas o adolescentes; si dejamos fuera la corrupción y optamos por la honestidad y la lealtad, podremos dejarles un país mejor a los más pequeñitos de nuestra familia.
Es allí donde empieza mi compromiso como guardiana, pues mi trabajo es transmitir los valores importantes para proteger nuestro patrimonio cultural sin dejarnos corromper por las personas. Siempre seré una guardiana honesta y leal.
*Escuela Primaria “Niño Minero”, 5to grado, Vetagrande, Zacatecas
