Entre otros implicados, quizás habría que agradecerle también a Gutenberg su ocurrencia para poder multiplicar las ideas sobre el papel. Lo de menos es que actualmente casi todo lo impreso se trate de chismes sobre celebridades, panfletos ideológicos disfrazados de tesis académicas o incluso informes políticos llenos de aplausos que nomás se creen quienes los mandan hacer.
La tinta sobre el papel ha permitido que los pensamientos tomen forma de libros, revistas o periódicos que pueden consultarse casi al gusto y casi en cualquier lugar, llámense aulas, salas de espera o el baño de mayor confianza.
Leer por placer es un pasatiempo para el que hace falta no estar haciendo otra cosa que requiera comprometer tanto la tan apreciada atención. Además de ser poco recomendable, leer mientras se está en una reunión importante, se cuida a los niños o se conduce hacia algún lugar resulta un poco suicida para quienes pretenden ser multitareas. Para leer hace falta estar lo suficientemente solo y sin nada más que hacer, a pesar de que ser ultrasociable y polifuncional sea lo de hoy.
Enterarse de lo que pasó en Macondo, en Comala o en algún lugar manchego podría parecer menos atractivo que enterarse de algo más útil, como con quién anda Nodal, cuál es el nuevo rumor de Miss Universo o la más reciente discusión entre Adame y Trejo.
Leer como entretenimiento ahora se restringe a consultar los subtítulos de las series y los titulares lo suficientemente amarillistas como para despertar tantito el morbo. La alfabeta sociedad del consumo aprovecha que sabe leer para evitar hacerlo lo más que se pueda. Y es que, ¿quién en su sano juicio dedica horas a estar sentadote leyendo algo que nunca ocurrió?
Para vivir en la fantasía ya suficiente hay con creerse lo que prometen las religiones, los candidatos o los coaches de vida que, por alguna tenebrosa razón, casi siempre parecen estar de buenas.
La fantasía de la lectura es diferente. Hay que alejarse un poco de sí mismo para poder meterse en otras pieles rusas, colombianas o incluso marcianas a través de la lectura, aun sabiendo que es pura mentira lo que se está leyendo, es decir, pura ficción. Así, al menos, el lector está consciente de que lo que lee es imaginario, no como con los citados ejemplos.
Irónicamente, la lectura por placer puede que también contradiga un poco a la añeja pero vigente institución educativa, la misma que insiste todavía en calificar y competir en concursos de lectura que, además de dejar un solo ganador, dejan a la vez muchos perdedores.
Hoy en día, quizás leer no sea tan popular porque, por pura probabilidad estadística, en un mundo de competencias educativas es mucho más probable descubrirse perdedor. Sin embargo, y contra todo pronóstico pedagógico estratégico, lectoras y lectores por placer hay muchos, nomás hace falta encontrarlos escondidos, haciendo una sola cosa.
Tal vez no esté mal leer cosas que tengan mucha utilidad, como informes, oficios, memorándums o tesis. Sin embargo, leer lo que pareciera carecer de ganancia es increíble y brinda un tremendo placer. Si el tiempo se pierde de todos modos, qué mejor que perderlo mientras se pueden imaginar fantasmas, máquinas del tiempo o agentes secretos; qué mejor que habitar otras realidades todas las veces que sea necesario.
La lectura por placer quizás sea inútil ante los estrictos ojos burocratizados, académicos o pragmáticos que están desesperados por ser alguien tan importante como para que un día se escriba algo sobre ellos, aunque sea pura ficción.
Hay muchas autoras y autores que han dejado su visión en la brevedad que dura su estancia en el mundo. Hay editores, diseñadores, periodistas, cuentistas, correctores y muchos otros que hacen posible ponerse a leer nomás por puro placer, ya con las palabras digeridas, masticadas y hasta cambiadas para que el lector pueda entenderlas mejor.
Hay quien incluso todavía lee en voz alta para que sus familiares, amigos o simples desconocidos disfruten de la lectura sin la pesadumbre de leer. Quizás, junto con Gutenberg, habría que agradecerles, por tanto. Gracias por lo inútil, gracias siempre por la tinta en el papel.
SUMARIO: Gracias por lo inútil, gracias siempre por la tinta en el papel
COLUMNA: EL SUEÑO DE LA RAZÓN
AUTOR: Israel Álvarez
CABEZA: Pretextos
