Entre 2024 y 2025, el mercado de neurodatos dejó los laboratorios clínicos para entrar en nuestras salas de estar y oficinas. Hoy, esa actividad eléctrica que Berger medía en hospitales es recolectada por auriculares, diademas de productividad y gafas de realidad virtual. Ya no solo se trata de diagnosticar la epilepsia; se trata de predecir tu próximo deseo de compra antes de que tú mismo lo sepas.
Mientras escucho esa inspiradora voz de Rihanna interpretando “Love on the brain”, te pregunto ¿alguna vez imaginaste que tus pensamientos más íntimos, profundos e incluso tus estados subconscientes podrían ser parte del mercado y convertirse en productos básicos? Suena escalofriante ¿cierto?
Si dudas, te invito a que me acompañes para revisar este tema, estoy segura que, tal y como me ocurrió a mí, te sorprenderá. Trae algo para beber y prepárate para no parpadear en los próximos cinco minutos.
Existe un tópico sobre el cual pareciéramos tener cada vez mayor información pero menos conciencia e interés: nuestra privacidad. En esta era digital, la intimidad ha traspasado la frontera del nombre, la imagen, la biometría y hasta la fecha de nacimiento, para situarse en algo mucho más personal y valioso considerado el último baluarte de nuestra individualidad: nuestro cerebro.
Hoy en 2026 existe un mercado de neurodatos que son patrones de ondas cerebrales o actividad neuronal.
Éste tiene sus cimientos en la neurotecnología que data de la década de 1920 y con base en información rescatada del Centro de Neurotecnología y Derecho, fundado en Reino Unido, ésta abarca ampliamente tecnologías que permiten la conexión, la interacción y la comprensión del cerebro y sus funciones.
Refiere de igual manera que un capítulo importante en la historia de este campo comienza con Hans Berger, psiquiatra y neurólogo alemán, cuyo trabajo continúa influyendo en la investigación neurocientífica y el desarrollo tecnológico modernos. Él inventó en 1924 el electroencefalograma (EEG), dispositivo capaz de registrar la actividad eléctrica producida por el cerebro, lo cual marcó el nacimiento de la neurofisiología clínica
Permitiendo a su vez el diagnóstico de perturbaciones neurológicas como la epilepsia, los trastornos y patrones del sueño, así como las funciones cerebrales y los procesos cognitivos, esto a medida que la tecnología avanzaba (www.neurotechlaw.com).
Todo ello ha facilitado el entendimiento de mejor manera del cerebro humano; sin embargo, lo que nació como una herramienta para sanar, ha mutado en una herramienta para vender.
Entre 2024 y 2025, el mercado de neurodatos dejó los laboratorios clínicos para entrar en nuestras salas de estar y oficinas. Hoy, esa actividad eléctrica que Berger medía en hospitales es recolectada por auriculares, diademas de productividad y gafas de realidad virtual. Ya no solo se trata de diagnosticar la epilepsia; se trata de predecir tu próximo deseo de compra antes de que tú mismo lo sepas.
El sitio Santiago Ramón y Cajal de Salamanca, España, no pudo expresar de mejor manera esta idea: “Hay corporaciones que aspiran a esculpir ese cerebro antes de que su propietario lo haga, y lo hacen extrayendo sus datos eléctricos a través de auriculares y diademas de consumo masivo”, (Cajal Hoy, 2026).
Cito: “La «economía neural» ha convertido la actividad eléctrica del cerebro en el activo más valioso del capitalismo de vigilancia. El debate sobre los neuroderechos ya no es académico: es urgente”, (Cajal Hoy, 2026).
Si bien la ciencia de Berger buscaba aliviar el sufrimiento, la industria actual busca capitalizar la atención. El salto de lo clínico a lo comercial ha convertido a nuestras neuronas en activos financieros.
Las cifras respaldan esta afirmación. De acuerdo con el informe anual “Global Neurotechnology Market Outlook 2026” de la firma Research and Markets, este sector ha alcanzado una valoración de 19,840 millones de dólares.
Lo impactante no es solo la cifra, sino su composición: ya no solo se vende hardware (aparatos), sino el acceso a bases de datos de patrones mentales.
En este mercado existen jugadores invasivos y periféricos, según Digital Journal (2026):
● Neuralink (de Elon Musk): Aunque enfocado en pacientes con parálisis, sus avances en 2025 permitieron demostrar que la interfaz cerebro-computadora (BCI) es el “iPhone” del futuro.
● Neurable: Esta empresa ha perfeccionado auriculares de consumo masivo que, bajo la promesa de “mejorar tu productividad”, registran tus niveles de dopamina y fatiga, datos que le permiten controlar dispositivos como juegos de realidad aumentada virtual o aplicaciones de productividad.
● Apple y Meta (2026): Con el lanzamiento de sus nuevas gafas de realidad extendida, el seguimiento ocular (eye-tracking) se combina con sensores de conductividad en la piel para deducir estados emocionales con un 95 por ciento de precisión.
Meta está utilizando neurodatos para entrenar modelos de Inteligencia Artificial (IA) capaces de entender y predecir la actividad cerebral, marcando un paso decisivo hacia la neurotecnología de consumo masivo.
El gran vacío en la comprensión del público general reside en la recolección pasiva. Al aceptar los términos y condiciones de una aplicación de meditación o un juego de realidad virtual, es casi imposible detectar la cláusula de “datos biométricos derivados”. Bajo este concepto técnico se esconde la captura de nuestras reacciones neuronales ante estímulos digitales.
Lo que hoy parece una herramienta para mejorar nuestra concentración o inmersión, es en realidad el entrenamiento de algoritmos que, en un futuro cercano, podrían saber lo que pensamos antes de que lo digamos.
Continuará…
Nos leemos pronto.
La última frontera de nuestra privacidad: ¿Por qué tus pensamientos ya no son solo tuyos? (Primera Parte)
EDITORIAL: TU ESPACIO DIGITAL
COLUMNISTA: Ana Lilia González Moncada
