ZACATECAS. A los 68 años, María del Rosario Navarro Meléndez, mejor conocida como ‘Nina’, se encuentra a punto de concluir la Licenciatura en Producción y Diseño de Modas en la Universidad de la Vera-Cruz (UVC). Su historia rompe con la idea de que existe una edad límite para estudiar, aprender o reinventarse. Después de dedicar gran parte de su vida a su familia, decidió apostar por sí misma y profesionalizar un oficio que ha estado presente en su historia desde la infancia.
Hija de una modista, Nina creció rodeada de telas, agujas y patrones. Aunque en sus primeros años no sintió una inclinación especial por la costura, el legado de su madre terminó por convertirse en una pasión.
Sus primeras herramientas las adquirió en cursos de corte y confección, pero fue durante un diplomado impartido por la UVC cuando descubrió que la moda podía ser mucho más que una habilidad: podía ser un proyecto de vida.
La invitación constante de sus maestros para continuar su formación quedó pausada durante años. El matrimonio, la crianza de sus hijos y la responsabilidad de sacar adelante a su familia ocuparon el centro de sus prioridades. Sin embargo, cuando vio a sus hijos realizados, entendió que había llegado el momento de cumplir una meta que había postergado durante décadas.
Ingresar a una universidad rodeada de jóvenes representó un desafío que enfrentó con incertidumbre, pero también con entusiasmo. Lo que encontró fue un ambiente de respeto, compañerismo y aprendizaje. Sus compañeros y maestros la acogieron con naturalidad, permitiéndole integrarse plenamente a una comunidad donde la edad nunca fue una barrera.
Hoy reconoce que la licenciatura amplió por completo su panorama profesional. Más allá de la confección tradicional, ha descubierto nuevas herramientas de diseño, patronaje, ilustración y tecnología aplicada a la moda.
Cada semestre le ha permitido actualizar conocimientos y comprender la evolución de una industria que se transforma constantemente.
Respaldada por el apoyo incondicional de su esposo, sus hijos, sus nietos y sus hermanos, Nina se ha convertido en un ejemplo de perseverancia y crecimiento personal. Convencida de que la creatividad no tiene edad, anima a otras personas, especialmente a quienes dedicaron años a su familia, a retomar sus sueños y apostar por su desarrollo personal.
Originaria de Mezquitic, Jalisco, pero zacatecana por elección y arraigo, Nina está por concluir una etapa que comenzó como una inquietud y terminó convirtiéndose en una de las experiencias más enriquecedoras de su vida.
Su historia demuestra que nunca es tarde para aprender, crecer y transformar una pasión en una profesión.

