El Mundial y la desvergüenza
“A medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí”: Eduardo Galeano
Durante el tiempo que ha durado el mundial de la corrupción, los demonios ocultos de la desvergüenza se han desatado de manera impresionante. Desde las llamadas y agarrones de piernita entre Gianni Infantino (mandamás de la cueva de ladrones llamada FIFA) y Donald Trump (el facho más inmoral de la historia reciente) para apoyar a la selección gabacha, hasta las declaraciones torpes de una senadora paraguaya, de un pseudo periodista argentino y de otras especies de la fauna de nuestros tiempos.
Nuestro país ha sido el tiro al blanco de la derecha más rancia del planeta, algo que nos preocupa y ocupa, pues entendemos que debemos de mantenernos unidos en torno a nuestra presidenta, para enfrentar el estiércol que escupen todos los días, miserables representantes de las tepocatas nacionales.
Pero nos tocó vivir en este tiempo y, ni modo, a aguantar preparados para lo que venga, pues la derecha del país, sin nada de originalidad, se ha dedicado a reproducir las estupideces de otra basura del continente (así como Salinas Pliego).
Es preocupante la manera en que los fachos salen a ladrar en los medios de comunicación y las redes sociales, lanzando sus dardos sobre las libertades y derechos de la mayoría de los mexicanos, atacando los logros de la clase obrera y los grupos más vulnerables de la sociedad.
Es verdaderamente increíble la manera en que han logrado convencer a los sectores medios, la pequeña burguesía sin conciencia, de seguir sus actos, de copiar sus discursos racistas, de salir sin ningún pudor a las calles a gritar consignas propias de la lumpen burguesía. Sí, unos auténticos hijos de la Señora Ayuso.
Hoy, gracias a la alianza entre la FMF, las trasnacionales y el sionismo, el mundo se enfrenta en una guerra donde los únicos vencedores son aquellos que han mantenido el colonialismo y la opresión sobre los pueblos del planeta.
La misma competición mundialista se convirtió en un escenario de favores para algunas selecciones, que se han alineado a los caprichos del imperialismo y el sionismo. Egipto fuera, gracias a decisiones a favor de la servidumbre de Argentina, gobernada por un tipejo que se ha hincado ante Trump y Netanyahu. Vimos al entrenador de la selección egipcia ondear la bandera de Palestina y encarar a unos imbéciles que ondeaban la bandera argentina con el símbolo, de la suástica nazi.
Hemos llegado a un punto, en el que los pueblos del mundo luchan por preservar su independencia y soberanía, enfrentando a ciertos sectores de la ultraderecha, esas viejas ratas que aparecen de cuando en cuando, con discursos maravillosos que envuelven el odio hacia los diferentes. Sí, la misma narrativa hitleriana de un nacionalismo a ultranza, de un marcado odio a los judíos (los pobres, claro) y los comunistas.
Si no lo creen, escuchen las grabaciones del expresidente hondureño Orlando Hernández, el que indulto absurdamente Trump después de haber sido condenado a 45 de prisión en USA por tráfico de drogas, donde llama a realizar actos para desestabilizar a los gobiernos democráticos de América Latina, reprimir los movimientos sociales y matar comunistas.
Estos discursos de odio se difunden aprovechando que el mundial enajena a buena parte de la población; así, aprovechó el presidente argentino Javier Milei para privatizar diversas industrias, porque en plena justa futbolera para los argentinos es lo más sagrado ganar la copa, que comer tres veces al día o satisfacer otras necesidades.
La neta que es espeluznante escuchar a los argentinos, en general, hablando de futbol olvidando la situación económica que vive su país. Ni cómo ayudarlos, a los pobres ches. En calidad de mientras les recuerdo que las Malvinas siguen siendo inglesas y que Trump no se las va a regresar. Bye.
