El fusilamiento de Iturbide
Agustín y otros nombres de Iturbide y Aramburu murió fusilado el 19 de julio de 1824. El acto fue en acatamiento a un decreto del Congreso general constituyente. Él, un par de años atrás, era reconocido como militar contrainsurgente y héroe independiente; enfrentó a los primigenios políticos lectores de tanto que ante las posibilidades de un Estado nacional encontraron múltiples estancias de representación política: imperio, emperador, soberanía, majestad, provincias, congreso, diputación, república, ejecutivo, ministro, federalismo, diputado, senador, departamento, libertades, igualdades, ciudadano, mexicano, Dios, patria, señorías, españoles, mexicanos, herejía, masonería, catolicismo.
Iturbide fue emperador porque se aguzó sobre todos. Ideaba una patria unida, católica e independiente. Su idea se sostendría con un ejército fuerte, una sociedad jerarquizada y un hombre que fuese centro y motor. Intuía modelos desde el absolutismo español, la pujanza del Napoleón carismático, las tradiciones inglesas y la pervivencia del comodato.
En la ciudad de Zacatecas, mientras en un local de los portales de Rosales se trazaban nación y emperador, en la aduana —el edificio dinamitado en junio de 1914— alineaban cañones por la república. Su república era con halo senatorial y romana, tenía su inspiración en las lecturas y el interés de ser ciudadanos y políticos y no súbditos jerarquizados.
Los diputados zacatecanos al Congreso general votaron inicialmente a favor de Iturbide (mayo de 1822). Luego, los formados en Guadalajara —ya había facciones, no todo es García Salinas y sus hagiógrafos pro bronce— se desdijeron y empujaron el cronmwellazo y la republicanización (la abdicación ocurrió en marzo de 1823).
El ex emperador, antes de su muerte, vivió fuera de México. Lo expulsaron del país, como a Napoleón de Francia. En un decreto de abril de 1824, el Congreso general le advirtió: de volver al “territorio”, sería fusilado. El Congreso, el segundo constituyente mexicano, era opuesto a Iturbide y soberano —asumía el halo de la total representación política de México—.
LAS ÚLTIMAS PALABRAS DE ITURBIDE
El teniente coronel Carlos de Beneski y Beaufort (Bayona, 1793), escribió “Una narración de los últimos momentos del ex emperador mexicano Agustín de Iturbide”. Lo redactó en español, luego lo tradujeron al inglés y publicaron en Nueva York (1825). Este europeo participó en acciones militares en Europa y México. Vino desde Inglaterra en un grupo de acompañamiento.
A Iturbide lo aprehendieron el 15 de julio de 1824, en Soto la Marina, Tamaulipas. El hecho ocurrió al desembarcar y reconocer su identidad. Entonces las autoridades anunciaron la existencia de un decreto del Congreso, en él lo proscribían —lo declaraba fuera de la ley si se presentaba en el territorio nacional, al momento de su detención sería fusilado—. Lo ejecutaron en el pueblo de Padilla, el 19 de julio de 1824.
Carlos de Beneski escribió: “Tan pronto como Iturbide hubo realizado sus últimas obligaciones cristianas, fue llevado como a las seis cerca de la caída del sol, a la plaza pública, el lugar escogido para su ejecución. El calor de la región, que era excesivo, lo forzó a pedir un vaso de agua y al bebérsela se lo acabó; después, viendo a las autoridades pidió autorización para hablar a las tropas que lo ejecutarían; y habiendo recibido permiso para ese efecto, les habló en los siguientes términos, que fueron sus últimas palabras: ‘Mexicanos, en este último momento de mi vida, yo recomiendo a ustedes el amor por su patria y la observancia correcta de nuestra religión; es la religión la que los llevará a la gloria. Muero por haber venido a auxiliarlos y muero feliz de expirar entre ustedes. Dejo este mundo con honor, y no como un traidor, traición que no podrá adjudicárseles a mis descendientes. ¡No, nunca se dirá que yo fui un traidor! Mantengan subordinación estricta y sean obedientes a sus comandantes […]’”.
El oficial que dirigió la ejecución se acercó ahora para ponerle una venda sobre sus ojos: Iturbide no aceptó, le parecía innecesario; pero al insistir el oficial en la forma, el ex emperador sacó su pañuelo y lo puso sobre sus ojos con sus propias manos; hecho esto se hincó, y habiendo recibido dos balas en su frente y dos en el pecho, murió.
De inmediato recogieron el cuerpo y lo depositaron en una capilla con el propósito de enterrarlo al día siguiente. Agustín de Iturbide murió a las seis de la tarde. El acto mortuorio sucedió en Padilla, ahora estado de Tamaulipas.
POSDATA
Julio 18: Vaya contracciones en las sacralizaciones: aniversario luctuoso del presidente Benito Juárez y celebración autorizada de la Marcha por el Orgullo Gay en Zacatecas.
