La UAZ en la encrucijada y el colapso de sus finanzas
Como nunca en su historia, la Universidad Autónoma de Zacatecas vive momentos difíciles, está en una encrucijada y sus finanzas colapsadas reclaman la implementación de una profunda y real reforma integral (no simulada) que ayude a resolver de fondo sus problemas estructurales, que ponen en riesgo su funcionamiento.
La Secretaría de Educación Pública (SEP) y la propia ANUIES reconocen y colocan en la actualidad a la UAZ como una de las universidades públicas autónomas en el país en mayor situación de severa crisis. Y eso no es nada edificante y si preocupante.
En el gobierno de la Federación para ayudarle a la UAZ, demandan de la ejecución, por parte de la institución, de un plan de corrección de inercias, el que a la fecha no se ha elaborado. El tiempo corre y no hay propuestas de salida ante los graves problemas.
De los pasivos económicos que acumulan a la fecha el conjunto de las universidades públicas mexicanas, el 10 por ciento de ellos se concentran en la UAZ. Y eso es realmente grave.
Ahora, los niveles del déficit presupuestal se acumulan y para cerrar el 2026 se requieren de cientos de millones de pesos para cubrir los compromisos económicos con académicos y trabajadores, a efecto de no violentar sus conquistas.
Para convencer a la administración Federal, a fin de que autorice apoyo económico extraordinario para el rescate financiero de la UAZ, se necesita en reciprocidad una propuesta viable de reforma integral de la Universidad, que contribuya a resolver sus enormes problemas. Y ésta no se ha concretado y se desplaza a pasos lentos.
En México, en particular en la SEP, hay la disposición de apoyar. Pero solicitan que se deje ayudar y para eso la única condición que exigen de la UAZ es que haga lo que le corresponde: poner orden interno.
La UAZ deberá operar con eficiencia acciones al menos en cuatro ámbitos: 1). El financiero, con la finalidad de poner límites a sus desajustes económicos; 2). El administrativo, para revertir y detener los altos niveles de burocratización que asfixian a la institución; 3). El académico, que es central, para privilegiar la atención con calidad a alumnos y alumnas; y 4). Redefinir el modelo de Universidad, para que sirva bien y mejor a la sociedad.
La ANUIES documenta que a la UAZ le afectan varios problema y entre otros destaca los siguientes: I). Plantillas de trabajadores no reconocidas por la SEP y Hacienda; II). Altos costos y déficit generado por su sistema dinámico de pensiones y jubilaciones. Habrá que preguntarnos qué paso con aquellos 120 académicos que vendieron sus prestaciones. ¿Cuál es su situación actual?; III). Presupuestos insuficientes; y IV). Una ineficiente administración interna.
La compleja situación que hoy vive la UAZ, pone en contexto otro dilema: es acaso que el modelo histórico de “autonomía” está roto, fracturado y en profunda crisis. Hay que reivindicar, en los hechos, este postulado filosófico y jurídico.
El Artículo Tercero constitucional, en su inciso VII, otorga a instituciones como la UAZ, la facultad del autogobierno. Dicho principio legal tiene que ejercerse con solvencia moral y eficiencia técnica.
Los universitarios tendrán que hacer honor a ese mandamiento legal, para impedir la intromisión de fuerzas externas que sólo buscan instrumentalizar y degradar la vida interna de la UAZ. Pero hay que reconocer que la UAZ es patrimonio del pueblo.
EL VALOR DE LA AUTONOMÍA
En Zacatecas, la construcción del paradigma de “autonomía” tiene un trayecto de más de 100 años, que ha fortalecido a esta importante institución civilizatoria.
Recordemos: 1). En 1920, la administración del Instituto de Ciencias de Zacatecas se deja en manos de un Consejo de gobierno integrado por ciudadanos prestigiados; 2). En 1959, un emblemático movimiento de estudiantes y docentes, concretó la autonomía del Instituto de Ciencias; 3). En 1968 con el tránsito del Instituto de Ciencias a Universidad, se consolida una etapa de modernización jurídica de la UAZ. Surge una especie de renacimiento; y 4). En ocasión de la toma de rectoría en 1977, se gesta un periodo de socialización que dimensiona la importancia de la “autonomía” universitaria.
Hay que impedir que actores externos, sin autoridad ni proyecto, degraden e instrumentalicen la vida de la Universidad.
