CIUDAD DE MÉXICO. Natalia Lafourcade cerró ‘Cancionera’ en el Metropólitan con un emotivo concierto, antes de pausar los escenarios para vivir su maternidad.
Hace unos días, durante una taquiza en su oficina, Natalia Lafourcade habló con su equipo sobre el cierre de su gira Cancionera en el Teatro Metropólitan, tras la cual hará una pausa de los escenarios y regresará a su hogar.
La conversación era necesaria porque los finales, contó la cantautora la noche de este domingo durante la primera de sus dos presentaciones en el recinto, suelen provocarle cierta ansiedad.
La veracruzana prefiere tener todo planificado y evitar la incertidumbre que surge cuando se mueve sin una agenda; sin embargo, en esta ocasión experimenta un sentimiento distinto, pues volverá a su intimidad para vivir su maternidad, que coincidió con el tour, y se marcha con una nueva certeza.
«Estamos cercanos a volver a mi jardín, a la sorpresa que da la vida en esa calma y es la primera vez que lo hago sin sentirme preocupada. Esto tiene una razón simple y básica.
«En esta gira, entre muchos regalos, pude darme cuenta que construí una amistad con mi público, he logrado construir un acompañamiento gracias a la música y las canciones porque así les acompaño yo. No sé a dónde, pero la música sí», explicó la artista cerca del final de su espectáculo.
Su confesión daba cuenta del tipo de presentación que ofreció ante un Teatro Metropólitan lleno, con 3 mil personas que agotaron las localidades.
A mitad del concierto, la veracruzana, de 42 años, tenía ambas manos ocupadas: la izquierda sostenía el micrófono y la derecha, una botella de mezcal, pues no faltaban motivos para brindar.
Sin embargo, la intérprete no buscaba una fiesta permanente, sino demostrar su confianza plena en que la música era lo esencial. Para ello, podía prescindir de grandes coreografías e incluso cantar sentada, casi en una penumbra íntima, si así lograba tocar los corazones de sus seguidores.
A las 20:50 horas, Lafourcade ingresó al recinto por la misma puerta por la que habían entrado los fans que la esperaban dentro, para después interpretar temas tan sentidos como «Vine Solita» y «Pajarito Colibrí».
El público parecía caer en un hechizo ante la comunión que se estableció con la presentación, que incluyó canciones como «Mascaritas de Cristal», «Cancionera», «Soledad y el Mar» y «El Lugar Correcto».
Durante la mayor parte de la noche, los asistentes permanecieron sentados, concentrados en sentir su canto, aunque algunos ritmos los llevaron a ponerse de pie y bailar, como ocurrió cuando sonó «María la Curandera».
Cualquier motivo era bueno para brindar y las dedicatorias fueron de todo tipo. La cantante contó que eligió su composición «El Palomo y La Negra» para sus votos matrimoniales, por lo que la interpretó especialmente para su esposo y para quienes estaban por contraer nupcias.
También hubo una canción para los divorciados, «Nunca es Suficiente», mientras que para quienes tienen el corazón herido ofreció «Lo que Construimos».
El principal acompañamiento musical de la artista estuvo a cargo de un pianista, quien incluso brindó con ella, aunque también se incorporaron arreglos de violines, chelo y contrabajo, instrumentos que dieron nuevos matices a sus composiciones.
«Cuando uno entra a los 40 hay que reconectar con la razón de hacer las cosas en la verdadera esencia», había dicho la cantautora después de interpretar sus primeros temas.
«Estamos para celebrar a la canción, que es nuestra compañera. Yo les doy la bienvenida, sé que son amantes de la música sentida. Qué sería de mi vida sin mi amiga la canción, mi razón de habitar este planeta. Musa, mariposa inquieta, llénanos de inspiración», añadió.
Durante el espectáculo, Lafourcade entregó al público una pequeña cámara con la indicación de pasarla de mano en mano por todo el recinto para registrar las experiencias de los asistentes, pues le interesaba conocer cómo habían vivido la noche.
No obstante, la amistad que mantiene con sus seguidores no significaba que aceptaría todas sus peticiones. La cantante se negó a interpretar «En el 2000», pues aseguró que ya no la recuerda.
En su lugar, optó por recurrir a canciones todavía más antiguas del cancionero popular, como «La Llorona», «Cien Años», «Amor de Mis Amores» y «La Bruja».
Varios asistentes lloraron al escuchar la voz de Lafourcade. En un momento, la intérprete se acercó a levantar una bandera mexicana y vio a una persona con lágrimas en los ojos, por lo que le preguntó si le daba pena llorar. Al escuchar que no, le aplaudió.
Para cerrar su espectáculo, de más de dos horas de duración, la artista interpretó «Mi Tierra Veracruzana», «Hasta la Raíz» y «Cocos en la Playa», antes de retirarse para prepararse para su segundo concierto en el Teatro Metropólitan.
