Alberto Chiu
Alberto Chiu

Pérdida de confianza

 

Al cierre de la semana que terminó, fuimos testigos del también doloroso cierre del trágico capítulo de los cuatro jóvenes originarios de Colotlán, Jalisco, que luego de haber desaparecido desde el pasado 25 de diciembre, finalmente este fin de semana fueron sepultados (al menos tres de ellas) en su pueblo, con su gente, con sus familias y amigos en solidaridad. Y las palabras del padre de una de ellas fueron lapidarias, al tratar de encontrar la paz y la tranquilidad de por lo menos tener sus cuerpos para darles sepultura.

Las cifras de desaparecidos dadas a conocer por el fiscal Francisco Murillo nos hablan del increíble tamaño de la tragedia que representa su ausencia; son niños, niñas, jóvenes adolescentes, adultos, que han dejado huecos imposibles de llenar en sus núcleos familiares y en sus comunidades. Y el dolor de perderlos se ha venido transformando en coraje, impotencia, y sobre todo, un airado y constante reclamo a la autoridad por la falta de resultados.

De modo que entre personas desaparecidas, asesinatos públicos y falta de información, es relativamente fácil explicar también el por qué las mediciones de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del Inegi pusieron, de nueva cuenta, a las ciudades de Fresnillo y Zacatecas como las más inseguras del país, al menos en la percepción de los ciudadanos.

Y nuevamente, no son sólo los ciudadanos zacatecanos quienes tienen dicha percepción, pues a ello se suma también ya la alerta de viaje para los ciudadanos de Alemania, a quienes se recomienda no viajar a nuestra entidad si no es por motivos esenciales, además de dar una serie de “consejos” para quienes de todos modos vienen, a fin de disminuir al mínimo los riesgos que pudieran correr en ésta, que ya parece cada vez más “tierra de nadie”.

Todas esas cifras y recomendaciones parecen “chocantes” contra el discurso oficial que insiste, no sé con qué motivo, en mencionar que aquí todo va mejor, que han disminuido los homicidios, que hay grandes expectativas de la llegada de inversiones extranjeras, que la estrategia contra la violencia va por buen camino, etcétera. Incluso aunque así lo sea.

Hay que entender que el dolor y el miedo siguen siendo tan grandes, que por más que se presuman logros en ese sentido, al final de cuentas esos logros parecen mínimos, y la expectativa de la ciudadanía crece, en términos de que ya no se quisiera ver ni un solo asesinato más, ni un solo desaparecido, ni un solo secuestro, ni una sola extorsión… y quizás para ello tardemos todavía demasiado tiempo.

Y es que lo que más se ha perdido, lamentablemente, es la confianza. Prácticamente no hay confianza en que los gobiernos puedan con este paquete; no hay confianza en que las corporaciones policiacas, por ejemplo, estén libres de “relaciones peligrosas” con los delincuentes; no hay confianza en que los políticos estén verdaderamente comprometidos con las causas y necesidades ciudadanas; no hay confianza en que se haya acabado ya con la corrupción; no hay confianza en prácticamente nada de lo que hace ni la autoridad estatal, ni la federal, ni muchas de las municipales. Y eso, lamentablemente, es una pérdida monumental.

Mucho tendrán que hacer esos gobiernos, esas corporaciones, esos políticos, para tratar de ganarse nuevamente nuestra confianza. Y no tendrá nada que ver con sus discursos, muchas veces melosos y otras veces inútiles. Tendrá que ver, en cambio, son sus actitudes, sus posturas fehacientes, los hechos que nos demuestren que efectivamente hay avances contundentes, y que están trabajando en la misma medida en que piden que confiemos en ellos.

Como decían los viejos: quizás la palabra convence, pero el ejemplo arrastra. Sólo a través de ser ejemplares en sus acciones y en sus dichos, podrán convencer a los ciudadanos de confiar nuevamente. Ahora, quizás más que nunca, esperamos que nuestras autoridades hagan lo correcto y lo demuestren. Y claro, en ello también tendrá que ir nuestro granito de arena para que lo logren, con la participación positiva y reflexionada de cada uno de nosotros. A eso, amigo lector, le invito esta semana.


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