Ana Lilia González Moncada
Ana Lilia González Moncada

Redes sociodigitales y las emociones

 

Hace algunos días reflexionaba con un amigo acerca de las repercusiones que ha tenido la forma de interacción de prácticamente todas las generaciones, a partir de la penetración de las tecnologías de la información y comunicaciones en las distintas esferas de la existencia de la gente.

Concretamente, él enfatizaba su preocupación al observar cómo las redes sociales digitales pasaron de ser una opción de entretenimiento y una alternativa para hacer nuevas amistades, a constituirse en una especie de válvula de escape, un repositorio que utilizan los internautas para expresar emociones y plasmar en sus biografías o en las de sus contactos, todo aquello en lo que desearían ser escuchados, crear tendencias, obtener likes, comentarios de afinidad, solidaridad o empatía, consejos y hasta reconocimiento, por parte de quienes les siguen en sus redes.

Y claro está, no de todas las emociones que experimentamos expresamos la mejor parte, si bien todas ellas: miedo, alegría, tristeza, enojo, amor, son necesarias para mantener la salud mental,  tomar decisiones racionalmente y a partir de ello aprender a gestionarlas (Valero, 2021), en ocasiones los comentarios  que se externan en la web pueden tener una connotación dañina  para la persona y para otros si no se tiene un criterio para conferirles el nivel de importancia que ameritan o comprender su contexto.

En otras  circunstancias pueden ser alerta del estado anímico que experimenta una persona que, lejos de necesitar apoyo en las redes sociodigitales, requiere la atención de un profesional o incluso de su propia familia.

Al respecto el psicólogo Anuar J. Dip –entrevistado para esta colaboración- considera que utilizar las redes sociales como válvula de escape, puede visualizarse desde dos perspectivas: por una parte, permite desahogar emociones que si no se liberan, desencadenarían un conflicto interno. La parte no favorable de esto consiste en que al publicar comentarios derivados de estas emociones, comúnmente se reciben consejos, es decir, lo que otra persona haría si estuviera en los zapatos de quien externa su sentir, pero en realidad no lo está, por lo tanto, las recomendaciones de esta última podrían generar  un efecto contraproducente y alterar –quizá aún más- el estado emocional de la persona, por lo cual es recomendable buscar la ayuda de un especialista.

Señala también que estas publicaciones en las redes sociodigitales generalmente buscan la formación de un vínculo que es en buena medida irreal, toda vez que la conexión de este lazo está sustentada en la búsqueda del sentido de pertenencia que es una necesidad de todo ser humano. Y en un contexto de vulnerabilidad, pueden aparecer personas – o perfiles- que aprovechen esta ocasión para obtener una ventaja personal.

Consecuentemente, desde la óptica de un especialista, merece la pena pensarlo dos veces antes de compartir mensajes de esta naturaleza en las redes sociodigitales, de igual manera, recomienda buscar primero el acercamiento a un vínculo real, como lo es la familia. (Dip, 2022)

Desde otra perspectiva, recordemos que también existe un gran número de empresas que analizan perfiles de usuarios con base en sus publicaciones, ya sea para la oferta de productos, servicios o reclutamiento de trabajadores.

Podría suponerse que este tipo de situaciones son frecuentes en personas jóvenes, por los rangos de edad que habitualmente se asocian al  uso de estas aplicaciones; sin embargo, hay usuarios desde 14 años –según lo que registran al crear sus perfiles, sabemos que hay otros más jóvenes- hasta 64 años que utilizan redes sociales. Al respecto, un artículo publicado por Lorena Santin en mediaclick.es, refiere que la red preferida por personas de los rangos de edad entre 55 y 64 años,  45 y 54 y 35 y 44 años es Facebook, en la cual observar este tipo de publicaciones motivadas por las emociones, es recurrente.

Si bien es cierto las relaciones sociales hoy deben entenderse de manera distinta por la existencia de una vida paralela en la web, no debería conferírsele poder sanador  de emociones a un ‘me gusta’, ‘me divierte’, ‘me encanta’ ni sobreponerle a una conversación o un abrazo de personas cercanas reales.

Consecuentemente, es precisa una revalorización de la privacidad frente a la necesidad de pertenencia en la web y el reforzamiento de los vínculos humanos reales.

 


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