Ojalá reflexionen
Llegamos a esta época del año en que todo se antoja a fiestas y reuniones familiares, celebraciones incluso en los espacios laborales y, en general, un ambiente que, por lo menos de forma tradicional o a veces impulsado por la mercadotecnia, invita a que todos nos llenemos de paz, de amor, de esperanza, tanto por las celebraciones religiosas como por las acostumbradas vacaciones de fin de año.
En ese contexto, muchos todavía nos seguimos preguntando si es que hay en realidad algo qué celebrar, viendo el contexto de violencia en que nos encontramos; y no sólo se trata de los constantes asesinatos de los que somos testigos, sino también de los crecientes delitos contra la privacidad, las extorsiones y robos en época de aguinaldos, los secuestros virtuales, los robos de identidad y los hackeos a nuestras redes sociales.
Se trata también de que así como muchos de nuestros amigos y familiares se desplazan hasta miles de kilómetros para venir a visitarnos en estas fiestas, así también hay otros que por necesidad, y en tono de emergencia, se desplazan para huir de sus propios hogares por miedo, por el terror que causan personas sin escrúpulos, que mediante la violencia pretenden apropiarse de los bienes, y hasta las vidas, de otros que nada han hecho para merecer semejante trato.
Al mismo tiempo, esta época se propone generalmente como un tiempo de reflexión a la luz de las festividades y los descansos laborales; un tiempo para pensar y poner en una balanza lo bueno y lo malo ocurrido en el año, y prepararnos para enfrentar lo que venga el año próximo, con la mira puesta en una mejoría general, en un mejor trabajo, en un ambiente más pacífico, en una familia más unida, etcétera.
Esa esperanza, lamentablemente, muchas veces se ve “ahogada” en un mar de infortunios, a menudo provocada por los delincuentes, y otras tantas ocasiones aumentada por la inacción de nuestras autoridades. Y así, podemos escuchar cómo junto a los buenos deseos expresados en estas fechas, van también muchas veces los reclamos de sectores sociales que no ven, no perciben una mejoría en cuanto a las condiciones generales en que viven, y apenas sienten que la época sirve para pedirle a la divinidad un respiro, un espacio de paz, de progreso.
Hay que recordar, además, que en esta época viene también el momento de que las instituciones del Estado, de acuerdo con nuestras leyes, se preparan para el año que entra mediante la formulación de sus presupuestos, es decir, la especificación sobre qué harán y cómo lo conseguirán, con el dinero que les será destinado, proveniente de los mexicanos que tributan. Y eso, entre muchas otras cosas, dependerá ahora de los diputados en funciones.
Así que, entrando de lleno en esta llamada “época de reflexión”, no nos queda sino hacer un llamado urgente, y por qué no, hasta en tono de exigencia, para que nuestros legisladores de verdad se pongan en los zapatos de sus representados, y dejen a un lado tanto las camisetas partidistas como las ambiciones personales, y busquen equilibrar precisamente cómo distribuirán esos recursos en bien general de la sociedad, de los sectores más vulnerables, y de las propias estructuras del gobierno, puestas al servicio de todos nosotros.
Eso, sin olvidar la otra parte de su trabajo que es legislar: formular leyes que busquen el beneficio de la sociedad, su convivencia pacífica y armónica, su desarrollo equilibrado, siempre en el respeto a los derechos humanos y con altas miras para ayudar a forjar una sociedad responsable y respetuosa del Estado de Derecho. ¿Será mucho pedirles eso?
Ojalá esta solicitud no represente apenas una “aspiración” social, sino que sea un faro de luz que les guíe en el camino de su trabajo, de esa altísima responsabilidad que la población ha depositado en ellos como nuestros representantes. ¿De veras nos están representando? ¿De verdad sus acciones reflejan lo que sus representados desean o exigen o necesitan? ¿En serio están trabajando por el pueblo en general?
Esperemos que así sea, y esperemos que no hagan oídos sordos a las necesidades que resultan evidentes de todos nosotros, pues así lo juraron al protestar el cargo que ostentan. De otra manera, que la propia sociedad se los reclame.
Mientras tanto nos queda este periodo para reflexionar y reiniciar el que sigue con nuevas propuestas para juntos cerrar filas para lograr un entorno más favorable. Por lo pronto les deseo, queridos lectores, unas felices fiestas navideñas y un próspero 2023, aquí nos encontraremos.
