A doña Cajón se la comieron los perros que criaba en su casa. Y cuando la encontraron también estaban las joyas que se habían llevado de un santuario, o al menos es lo que cuenta la leyenda.
La casa de doña Cajón, o la que solía serlo, está entre las avenidas Rayón y Morelos, del centro de Zacatecas, en el callejón Fernando Villalpando. Pero, por los sucesos que se relatan en la leyenda, también se le conoce como el Callejón de los Perros.
La mujer del relato se llamaba Nicolasa. Se dedicaba a prestar dinero y cuando alguien le preguntaba cuánto tenía, decía que “apenas un cajoncito de riales” para mantener a sus perros. Tenía varios de estos animales. Todos los días tenía que darles de comer.
En cierta ocasión, corrió la noticia que se habían robado las joyas de la Virgen del Patrocinio. En ese tiempo los vecinos decían que doña cajón solía juntarse con unos cirqueros que llegaron al pueblo, descritos como gitanos.
Luego, de pronto dejaron de ver a doña Cajón, pero se escuchaban muchos ladridos desde su casa. Fue tanto el escándalo que las autoridades tuvieron que ir a inspeccionar el lugar y encontraron una macabra escena: a la mujer la habían devorado sus perros. Y según la leyenda, en la casa también encontraron las joyas que estaban perdidas.
Algunos de los vecinos que viven en el mismo callejón, dudan de algunos detalles que se presumen en la leyenda. Aunque también dicen que a Nicolasa le gustaba jugar y leer las cartas, además de pretender predecir el futuro, que fueron costumbres que tomó al frecuentar a sus amigos “los húngaros”.

