ZACATECAS. Ni el hambre ni el cansancio pudieron vencer el espíritu de servicio y de amor al prójimo de Arsenio de Ávila Aguilera, trabajador de la Junta Intermunicipal de Agua Potable y Alcantarillado de Zacatecas (JIAPAZ), quien colaboró durante un par de meses al llevar agua a los damnificados por el huracán Otis, en Guerrero.
Explicó que es operador de camiones tipo cisterna y lleva poco más de ocho años en esta labor. Luego del huracán Otis, al presentarse la oportunidad de ir a Guerrero a ayudar no lo pensó dos veces, aunque fue difícil separarse de su familia en temporada navideña, es una experiencia que volvería a repetir, indicó.
Lo más difícil que le tocó vivir en Guerrero fue pasar hambre porque no había comida, y en los pocos lugares donde se podía comprar algo los productos eran muy caros, asimismo, la falta de comunicación era otro aspecto que dificultó su estancia.
Recordó que la única forma de comunicarse con sus superiores era a través del sistema GPS de los camiones que usaba. Para pasar las novedades o recibir órdenes tenía que ir al aeropuerto en Acapulco, donde había señal telefónica.
Indicó que cuando acudía al aeropuerto aprovechaba para comunicarse con su familia, quien le reprochaba su ausencia en Navidad y Año Nuevo, pero también le dio ánimos.
Solidaridad de
los guerrerenses
Arsenio destacó que una parte importante durante su estadía en Guerrero fue el cobijo y gratitud de la gente, ya que gracias a ello fue posible alcanzar a llevar agua a más personas.
Las primeras acciones en las que participó al llegar a Guerrero fueron de limpieza de las calles para poder llevar agua. Durante un mes aproximadamente continuó el abasto del líquido en zonas de difícil acceso.
Recordó que había áreas donde el camión ya no podía continuar y las personas se acercaban con botes para acarrear el agua hasta donde era necesario, así fue durante el primer mes.
Poco a poco se reanudaron los servicios de electricidad y básicos, lo que permitió a Arsenio y el grupo de trabajadores de la JIAPAZ que acudió a Guerrero, coordinarse con el Ejército Mexicano.
Luego del primer mes, a través de las indicaciones del personal militar es como los operadores de las pipas continuaron sus trabajos, los cuales comenzaban diariamente desde las 8 horas aproximadamente, señaló De Ávila Aguilera.
Expuso que las jornadas de trabajo eran estresantes y agotadoras , pero la sensación que dejaba al final del día era gratificante.
