La obra de la ignominia 1
El tema de la movilidad urbana es uno de mucha importancia gubernamental en la actualidad. Mire usted, estimado lector: si en el buscador de Google escribe “movilidad urbana sostenible”, seguramente le aparecerá en los primeros lugares un enlace que lo lleva a un documento de la Comisión Nacional pare el Uso Eficiente de la Energía (Conuee), que tomo de referencia para esta aportación que busca más convertirse en una reflexión. El enlace del documento es movilidadurbanasostenible.pdf (www.gob.mx), y lo encuentra en https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/313972/movilidadurbanasostenible.pdf
En este documento se plasman una serie de ideas importante para tener una noción básica de la movilidad urbana sostenible.
Para empezar, explican que “movilidad urbana es el movimiento de las personas y bienes en las ciudades, independientemente del medio que utilicen para desplazarse, ya sea a pie, en transporte público, automóvil, bicicleta, etc.”, es decir, una cosa es el movimiento y otra es el medio en el que se hace.
Esto último (el medio de desplazamiento de personas o bienes en ciudades) se entiende por transporte, y éste “se relaciona solamente con el sistema de medios mecánicos empleados para trasladar personas o mercancías.
Y, por otra parte, el concepto de tránsito se refiere, sobre todo, a la circulación de vehículos, principalmente motorizados”. Entonces, vamos construyendo la idea de la combinación entre las mejores formas de desplazamientos de personas y bienes, y el medio de transporte para ello.
Con eso en mente (personas más vehículos, por ejemplo), ahora pasemos a otra consideración importante respecto del término sustentabilidad y la responsabilidad de los gobiernos en lo presente: “el concepto de sostenibilidad o desarrollo sostenible (…) se define como “el desarrollo que satisface las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades””.
El término entonces nos debe llamar a reflexionar sobre lo que se hace ahora por parte de los gobiernos no solamente para satisfacer necesidades actuales de la sociedad, sino que ello no comprometa a las generaciones venideras y, muy posiblemente, se sienten ahora las bases de una serie de acciones de mejora en el futuro.
El texto de la Conuee señala también que las políticas de movilidad sostenible “combinan objetivos interrelacionados con la transformación física, social y económica del territorio urbano, en sintonía con lo que es el desarrollo sostenible (sociedad, economía y medio ambiente) y proponiendo un modelo integral de movilidad y espacios públicos que reduzcan los conflictos y descoordinación de la movilidad actual”.
Se puede inferir entonces que las políticas pueden contener acciones -obras, particularmente- que transformen el espacio físico actual por uno -posiblemente- muy diferente que rompa lo que hay hasta ahorita.
Ahora bien, me parece que otro punto que debe llamarnos a la reflexión es lo concerniente a “un modelo INTEGRAL de movilidad y espacios públicos”, porque entonces tendríamos que esperar por parte de los gobiernos una serie de análisis y posteriores proyectos que impliquen debate, discusión y entendimiento de problemas actuales y gradualidad de su solución hasta que, de plano, sea imperativo instrumentar una medida que transforme -quizás radicalmente- lo que hay en la actualidad en términos físicos.
Pero lo siguiente es toral, me parece, del documento, para fines de la reflexión que persigue esta colaboración: “La apuesta de muchas ciudades por alcanzar una mayor sostenibilidad condujo a la adopción de estas políticas con los objetivos más básicos de reducir las emisiones contaminantes, minimizar la presión del uso del automóvil en la ciudad, reforzar el principio de la equidad y favorecer los modos de desplazamiento más respetuosos con el medio ambiente”.
Dos puntos debemos rescatar de esta cita: primero, disminuir el uso de coches y de transporte sustentable.
Si usted tiene en la mente esas dos ideas, que pueden traducirse en “menos coches, más transporte público sostenible”, entonces dimensionará con claridad este párrafo del documento: “Para ello [favorecer los modos de desplazamiento más respetuosos con el medio ambiente], se aprovechan las técnicas y conocimientos desarrollados en los sistemas de tránsito inteligente, gestión de la demanda, planificación urbana y, finalmente el uso de tecnologías no contaminantes y con un alto nivel de ciencia energética en el transporte público y privado.
Adicionalmente, estas políticas de movilidad intentan promover un cambio de mentalidad que permita modificar las pautas de la movilidad actual en aquellos aspectos que la hacen insostenible, especialmente, el papel preponderante del automóvil de uso privado”.
Cierro esta primera parte de la colaboración señalando lo siguiente: la adopción de la Agenda 2030 por parte de los países y los distintos gobiernos al interior de ellos implica trascender las estructuras mentales, políticas y económicas con que se desarrollaron los entes públicos y sus agentes durante la segunda mitad del siglo 20 y los primeros años del presente; es fundamental romper esquemas arcaicos de la concepción, por ejemplo, de espacios públicos y movilidad, para adoptar cambios basados en ideas, estudios, análisis y conocimiento científico.
