Todo bien en Disneylandia
La ciudad arde porque no hay de otra. Para exigir hay que incomodar lo suficiente, de preferencia a los responsables, pero si no, ni modo. Hay que involucrar a la población que todavía no se entera que las causas son justas y que, por supuesto, también les competen, siempre les competen.
Si algo saben los marxistas es que, lamentablemente, todavía hay muchos que no saben ni a qué clase social pertenecen, menos van a saber lo que necesitan los otros. El pueblo unido (consciente y de preferencia competente) jamás será vencido. Por el contrario, el diabólico gobierno (nunca marxista y pocas veces consciente) nomás no entiende por las buenas.
En cambio, el pueblo, esos transeúntes de a pie que tienen más o menos poder sobre lo que ocurre en sus zapatos, esos sí son sensibles y a veces hasta apoyan, aunque sea nomás con likes. A ver, usted que va pasando por ahí, verdad que sí entiende nuestro concepto de justicia o será que necesita una dosis de iconoclasia concientizadora. ¿Ya leyó a Marx o nomás lee columnas chafas en los diarios locales de mayor circulación? Inconscientes del mundo, uníos.
Las perversas autoridades nomás no escuchan los reclamos, por eso cada rato se vuelve necesario cerrar calles, callejones y avenidas, tomar los bulevares y tener que mandar legítimamente al diablo la libertad de tránsito y los derechos individuales ajenos.
Que todos se enteren que algo nunca está bien, no anden pensando que viven en Disneylandia, donde todo fluye fantasiosa, mágica y musicalmente. Que se note que en la ciudad siempre puede despertarse el caos, no como las autoridades, que pueden seguir durmiendo hasta que las despierten (al modo Disney) los pajaritos.
Ahora quién será. Han de ser los maestros, los agricultores, quizás algunos sindicalistas o los que ya quieren hacerse justicia por su propia mano como endenantes porque las autoridades competentes no justificaron sustantivo ni adjetivo.
Quizás sean los normalistas, esos a cada rato andan tomando, o a lo mejor son los de la autónoma pero dependiente universidad, ha de ser problema de dineros, poder o legitimidad de alguna honorable, pensante y a veces hasta marxista autoridad.
A lo mejor son los transportistas, camioneros, traileros, taxistas, uberistas o pueque sean maistros que quieren chambear en la obra pública, incluso, aunque no sea necesaria. En una de ésas y (con toda respeta) sean las feministas, ¿ya será marzo?
Con suerte, sean algunos músicos protestando musicalmente (al modo Disney). También podrían ser los provida implementando controles de población en el limbo, allá donde sí es importante.
Aumentos, condonaciones, justicia, apoyos, trabajos, derechos, condenas, linchamientos públicos, exposición de irresponsables que no supieron ser padres, hombres, autoridades, políticos, malditos entes tranzas y heteronormados dizque democráticos, e imperfectos que toman decisiones como si supieran hacerlo, nomás perjudicando a los otros que no habitan en sus regularmente finos zapatos.
Pueblo escucha, también ésta es tu lucha. No se vaya a creer que cada quien anda viendo nomás por sus intereses personales. ¡No! La lucha es de todos porque todos sufren, aunque sea por llegar tarde a donde iban. En educación, impuestos, justicia, derechos, ética, pero sobre todo en moral; en la moral el juicio popular sí es asunto de todos.
El maestro marchando también está enseñando, porque sus líderes ya les sugirieron que eligieran bando, el de los agachones, irracionales que no expresan lo que sienten, o el de los que luchan hombro con hombro, marcha con marcha. Unidos no podemos ser los malos, los demás, son lo de menos. Soñar con la razón casi es tenerla.
Las voces colectivas son más fáciles de escuchar porque no es una ni cien, porque una consigna repetida por muchos pueque se vuelva derecho individual. El que nomás iba pasando hasta se contagia de emoción, aunque sea miedo. Seguro que cualquiera merecería ser linchado por algo. No vaya siendo que el tumulto se entere que alguien no es lo suficientemente radical, progresista, democrático, justo, bueno, autónomo, civilizado, aliado, sensible, honorable, charro, deconstruido o todos esos adjetivos de los que carecen los, además, inconscientes.
Pero el pueblo es bueno, sabio y a veces hasta mágico musical. Así que resulta impensable que las decisiones en masa puedan ser tomadas ciegamente y con irracional pasión. Mientras tanto, los responsables casi siempre están en otro lado, paseando, durmiendo o viendo de lejitos como arde la ciudad, porque no hay de otra.
