“Conectados pero solos: El auge del individualismo en la era digital”
(Primera parte)
Desde hace algunos días, quizá motivada por las hermosas lluvias con las que mayo cerró, he traído en el pensamiento abordar un tema que parece una contradicción en la época de la hiperconectividad. Me refiero a la tendencia creciente a estar solos, en medio tal vez, de miles de seguidores y “amigos” en las redes sociales.
Como lo he mencionado en otras publicaciones, parte de la validación que esperamos de los demás en el mundo virtual se asocia con tener un número importante de seguidores, contactos y por supuesto, de reacciones en cada publicación que se comparte.
Sin embargo, ¿cuánto de esto es real? Un contacto no necesariamente es amigo, un seguidor que reparte likes u otro tipo de reacciones, no precisamente refleja un interés genuino en el contenido compartido.
Estoy segura que entre esa amplia lista de amigos, existe otra, no menos amplia, con los cuales jamás interactúas, incluso, quizá no recuerdas que son contactos.
¿Alguna vez has sentido soledad mientras navegas por la web?, ¿entre esos miles de contactos en tus redes sociales?
Será acaso que, ¿la hiperconectividad nos ha vuelto más individualistas y a la vez solitarios? ¿Dónde ha quedado la noción de convivencia, colectividad, comunidad en su sentido más puro? Hoy en día mucho de lo que experimentamos parece estar orientado a la personalización y por consiguiente, al individualismo.
Conceptualicemos el individualismo: según el Diccionario de la Lengua Española, es la tendencia a pensar y obrar con independencia de los demás, o sin sujetarse a normas generales.
Algunos elementos que refuerzan este proceso de individualismo, en la era digital, podemos encontrarlos en las nuevas estrategias mercadológicas cuyo objetivo gira alrededor de la personalización, en la cual cada consumidor, usuario o comprador, tiene un perfil específico, construido con base en los registros de sus búsquedas en la web, solo recibe promociones y publicidad de aquellas marcas, productos o servicios que prefiere.
Otro elemento importante en este proceso es la construcción de una llamada “identidad digital”, que se materializa a partir de la creación de una imagen, una narrativa de cada individuo en las distintas plataformas existentes, tales como Facebook, TikTok, Instagram u otras.
Cada persona selecciona con cuidado aquellos contenidos que desea compartir sean propios o de otros; de igual manera, decide cómo presentar su propia vida, expresar sus intereses y opiniones, buscando en todo momento, destacar la singularidad y originalidad.
Aunque también es necesario decir que existe esa parte en donde el usuario se suma a las tendencias para no perder la oportunidad de demostrar que está al día.
Por otra parte, se encuentra el contenido personalizado, que es posible a través del uso de los algoritmos de las plataformas digitales.
La oferta de contenido y recomendaciones adaptadas a los gustos individuales, creando lo que se ha denominado como “burbujas de filtro”, un concepto de Eli Pariser, en donde el usuario simplemente se sumerge en un pequeño y exclusivo mundo diseñado a su medida, reforzando sus preferencias y, a su vez, limitando la exposición a ideas o perspectivas diferentes.
¿Qué decir del trabajo remoto y el freelance (trabajador autónomo)? Como sabemos, antes y más aún después de la pandemia, el trabajo remoto y el trabajo independiente, han cobrado mayor relevancia, favorecidos por las herramientas digitales.
Es innegable lo atractivo que resulta el hecho de que, bajo este esquema laboral, puedas estructurar tus propios horarios y métodos de trabajo de manera más autónoma, nuevamente, priorizando las preferencias individuales sobre una dinámica de oficina tradicional, en la que además, no tienes que lidiar con otras personas.
Ya no es necesario estrictamente, acudir a una escuela para aprender o capacitarse, los cursos en línea y el autoaprendizaje permiten a las personas diseñar sus propios itinerarios, ya que muchas de ellas son autogestivas, lo cual propicia la adquisición de conocimientos y habilidades de forma individualizada, sin depender de estructuras educativas preestablecidas.
¿Y la comunicación? Fácil – es un decir- a través de mensajería instantánea y chats grupales. Cierto es que conectan, pero a su vez, como señalan algunos investigadores de este fenómeno, también permiten una comunicación más fragmentada y controlada, en la cual cada persona decide cuándo responder y cómo interactuar.
A veces estos intercambios pueden volverse de lo más impersonal mientras se pierde la comunicación no verbal, que, como sabemos, transmite todo aquello que las palabras no alcanzan.
Por otra parte, están las interacciones selectivas. En las redes sociales, los internautas tienen la posibilidad de elegir con quién interactuar, a quién silenciar o bloquear tal vez porque no les agradan, o a quien compartir contenidos y a quien ocultarlos… Espera la segunda parte.
Continuará…
