“Conectados pero solos: El auge del individualismo en la era digital”
(Segunda parte)
Como recordarás, en mi colaboración anterior, de la cual ésta es continuación, hablé del proceso de individualismo que permea nuestra vida en la sociedad digital.
El último elemento al que hice referencia, fue la interacción selectiva que los usuarios realizan en las redes sociales, construyendo con ello redes de contacto que refuerzan sus propias perspectivas y minimizan el roce con opiniones discordantes.
Ahora me centraré en este concepto de la “soledad conectada”, que si bien no es exclusivo de los entornos virtuales, es particularmente visible en ellos.
Soledad conectada, es un constructo de Helen Singer, psicóloga autora de diversos libros acerca de la soledad y la conexión humana. Con base en sus planteamientos, la soledad conectada describe la experiencia de sentirse solo a pesar de estar rodeado de personas, o de tener acceso a la tecnología y a la comunicación.
Se trata de una sensación de aislamiento y desconexión, incluso cuando se está conectado a través de Internet o de redes sociales.
Helen Singer es quien popularizó y desarrolló la idea de la soledad conectada. Su trabajo se centra en comprender cómo la tecnología y la sobreconexión pueden contribuir a la sensación de aislamiento, incluso en medio de una sociedad altamente conectada como la nuestra, en la que, en muchas ocasiones, nos mueve el temor a perdernos de alguna noticia o novedad, conocido como FOMO (Fear Of Missing Out).
Aunque estamos constantemente interconectados, la calidad de las interacciones puede disminuir. Es posible estar rodeado de “amigos” en línea, pero experimentar una sensación de soledad real, ya que se pierde el contacto humano profundo y las relaciones presenciales.
En nuestra era, el individualismo tiene varias maneras de manifestarse, con matices y desafíos. Se registra un incremento en esa valoración de la autonomía personal, la libertad de elección y la importancia de las experiencias individuales, esto se ve reflejado en la cultura, las relaciones sociales y las tendencias económicas.
Y aunque ello, pareciera “estar bien”, la realidad es que somos seres sociales por naturaleza y esta tendencia creciente al individualismo está generando soledad, falta de conexión con otras personas y pone de relieve la necesidad de encontrar un equilibrio entre esta autonomía personal exacerbada y una responsabilidad colectiva.
Información publicada en 2021 por el observatorio CEPLAN de Perú, refiere que hacia 2050, según expertos del Instituto de Estrategias Ambientales Globales (IGES, por sus siglas en inglés) se espera que el individualismo y el aislamiento se fortalezcan como características predominantes de la sociedad, impulsados por la priorización del desarrollo personal, la fragmentación familiar, el ocio digitalizado y las interacciones virtuales.
Continúa afirmando que el individualismo, entendido como la tendencia a ver al “yo” como constante y al “entorno” como cambiante, se está consolidando en diversas partes del mundo, como lo refleja un sondeo global de Ipsos en 2024, donde 81 por ciento de las personas opina que “cada uno debe elaborar su propio conjunto de principios que guíen sus decisiones”.
Analizando estas afirmaciones, es posible inferir que la noción de los valores, hasta hace poco tiempo considerados universales, pudiera estarse diluyendo. Eso explicaría en parte lo relativo que se han vuelto en la actualidad para nuestra sociedad.
En ese tenor, seguramente habrás escuchado decir con frecuencia a personas de otras generaciones, la frase “se han perdido los valores”, pero en realidad éstos solamente han cambiado, parecieran estarse trasladando de la esfera colectiva a la definición estrictamente personal.
Según la información de CEPLAN, este fenómeno ha crecido particularmente en países como Sudáfrica, Brasil, Argentina, India y Corea del Sur, que han registrado incrementos en la aceptación de esta premisa. No obstante, a pesar de este aumento, 61 por ciento de los encuestados expresaron sentirse abrumados por la necesidad de tomar decisiones sobre su vida personal y el equilibrio entre lo individual y lo colectivo.
La misma fuente subraya que el fortalecimiento del individualismo está estrechamente relacionado con factores como la urbanización, la tecnología y la desigualdad económica, que están fomentando el aislamiento social.
Tal parece que hoy en día la apuesta mayor está fijada en la interacción virtual, en detrimento de las relaciones interpersonales reales.
El éxito profesional y en todas sus variantes, el logro de metas y objetivos materiales, en ocasiones, desmedidos, conllevan un entorno marcado por la competitividad incesante orientada al logro personal, imprimiendo un nivel de autoexigencia descomunal.
A manera de conclusión, podemos decir que el individualismo representa beneficios para el desarrollo de las personas, pero también implica retos como la fragmentación social, la soledad y la posible pérdida de habilidades para interactuar cara a cara.
La reflexión que cabe es preguntarnos si realmente deseamos esta soledad.
Nos leemos pronto.
