La honestidad y el 28 Aniversario del Servicio de Administración Tributaria (SAT)
El martes 1 de julio, estimado lector, el Servicio de Administración Tributaria (SAT) celebró sus primeros 28 años de vida como desconcentrado de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, con el carácter de autoridad fiscal.
La celebración interna del aniversario fue un momento muy elocuente por los mensajes que se dieron por las diferentes autoridades que formaron parte del evento y que, me parece, marcan un parteaguas en nuestra historia como institución.
Pero mire, déjeme ponerle un contexto; recordemos que, por ley, el SAT “tiene la responsabilidad de aplicar la legislación fiscal y aduanera con el fin de que las personas físicas y morales contribuyan proporcional y equitativamente al gasto público, de fiscalizar a los contribuyentes para que cumplan con las disposiciones tributarias y aduaneras, de facilitar e incentivar el cumplimiento voluntario de dichas disposiciones, y de generar y proporcionar la información necesaria para el diseño y la evaluación de la política tributaria”.
Derivado de ese mandamiento normativo, el SAT es responsable de más del 55 por ciento de los ingresos totales del país, es decir, los recursos con los que se financian las distintas necesidades de gasto público en México. Así pues, de manera muy general, podemos decir que el SAT es una institución de suma importancia para el Estado mexicano.
Con eso en consideración, déjeme le comparto que, para esta celebración más reciente de la vida institucional del SAT, las oficinas desconcentradas del país nos enlazamos vía remota con nuestra sede central para ser testigos de un acto oficial para la conmemoración del vigésimo octavo aniversario de la institución, en el que la protagonista -y la gran sorpresa del evento- fue la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
Para quienes laboramos en el SAT, me parece que fue una gran y grata sorpresa que la titular del Poder Ejecutivo de nuestro país asistiera a las instalaciones centrales en Ciudad de México y, rodeada del personal de la institución, ofreciera un mensaje que a muchos nos motiva y alienta a seguir trabajando en este gran organismo público. Me explico:
En su mensaje, la presidenta Sheinbaum saludó con mucha institucionalidad a las distintas figuras que estuvieron presentes acompañándola en el presídium, entre ellos, la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, al secretario de Hacienda y Crédito Público, Edgar Amador, y al “querido y admirado” jefe del SAT, Antonio Martínez, adjetivos que a muchos nos parecieron un gran espaldarazo institucional y hasta personal, lo que fue coronado con el reconocimiento mediante el aplauso y los vítores de los presentes.
Al inicio de su mensaje, la presidenta hizo alusión a una reflexión previa a su asistencia al evento, pensando en las palabras de las que quería dar cuenta en su intervención: “Ayer pensé qué iba a decir hoy, y decidí escribir unas palabras sobre la honestidad. El valor de la honestidad, que lo representan todos ustedes [trabajadores del SAT]. El trabajo que han hecho es admirado por el mundo entero […]”.
Luego, la presidenta habló brevemente sobre algunas dificultades de la economía y retos de un inicio de gobierno. Después, lanzó un breve cuestionamiento: “¿Cómo es que con toda esa circunstancia [dificultades], el SAT ha recaudado 10 por ciento más en términos reales y está por encima de la meta de la Ley de Ingresos, que ya le habíamos puesto una meta muy alta? Y tiene que ver con esa palabra.
“Con esa visión, con esa forma de vida, que es la honestidad”. Y la presidenta remató esa parte de su intervención diciendo: “muchas gracias querido Antonio [Martínez Dagnino, jefe del SAT], felicito a todas y a todos los que forman parte de esta institución”.
Independientemente de que posteriormente me gustaría abundar sobre otros elementos adicionales del mensaje de la presidenta (pues en términos del análisis del discurso tiene muchísimos matices que revisar), me quedo con esta primera parte porque, para quienes tenemos el honor de participar como servidores públicos, es un aliciente que la presidenta de México tenga claridad sobre lo mucho que se trabaja y los logros reales que benefician al país por el trabajo de miles de trabajadores del SAT a lo largo y ancho de México, proporcionando millones de atenciones, consolidando el padrón de contribuyentes y rebasando las metas institucionales.
Sabemos que todavía hay muchísimo por hacer. No hay organización pública perfecta, pero existen las que, como el SAT, buscan innovar y cambiar constantemente para mejorar, no estancarse y consolidarse como un baluarte de México. Habemos quienes creemos en esa perspectiva y, en tanto tengamos oportunidad, trataremos de aportar ese granito de arena. ¡Felices 28 años, SAT!
*Doctor en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Administración Pública, UNAM
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