Jardín Juárez 150
Hoy, 18 de julio, es el aniversario luctuoso 152 del presidente Benito Juárez García. En esta entrega va un sucinto recorrido sobre las manifestaciones en favor del político. Estimo que el juarismo tuvo reconocimiento en Zacatecas —manifestaciones, discursos, actores y ritmos— y por supuesto, en el mismo transcurrir (1857-1872) concurrieron oposiciones a él y sus significaciones —presidente de la República y símbolo político—.
Tras la revuelta de Tacubaya, las autoridades de Zacatecas se mantuvieron distantes de la rebelión y del golpe de Estado (1857). En cambio, un grupo de jóvenes se declaró en favor de la vigencia de la Constitución de 1857 y de una sucesión institucional. El diputado Jesús González Ortega fue un entusiasta constitucionalista.
Juárez fue reconocido presidente durante la guerra de tres años (1857-1860). Con las armas le colaboraron los contingentes organizados por González Ortega. Durante la Intervención francesa y la monarquía, los constitucionalistas zacatecanos se mantuvieron leales a la República y al presidente.
Durante la República restaurada (1867-1872) los diferentes grupos políticos que rotaban en la gubernatura y los otros poderes de Zacatecas, lo mantuvieron como referente. Una excepción fue Trinidad García de la Cadena, quien se rebeló y reivindicó a González Ortega como el debido sucesor presidencial —éste lo ignoró y siguió en el exilio—.
Tras la muerte del presidente, sí ocurrió una congregación en torno a la figura del jefe del Estado mexicano —el primer presidente muerto en cama—. Las evocaciones luctuosas en Zacatecas las organizó un grupo de estudiantes, concurrente a un grupo político —su jefe era el gobernador—. El auge mayor de las conmemoraciones fue en la década de 1890. Las ceremonias , unas veces hechas en el teatro, otras en los altos del mercado González Ortega y otras más en el patio del Instituto de Ciencias. En la década de 1900, el gobierno inició otra festividad: conmemorar el nacimiento del repúblico mexicano (marzo de 1906).
Jardín Juárez 150
Las ceremonias del 18 de julio fueron parte del sistema de fiestas cívicas de la segunda mitad del siglo 19 —5 de febrero, Constitución de 1857; 5 de mayo, triunfo mexicano sobre los franceses; 18 de julio, fallecimiento de Benito Juárez; y, 16 de septiembre, aniversario de la Independencia—.
La conmemoración del 18, por ser luctuosa, la bandera era colocada a media asta y por la tarde se efectuaba algún acto cívico, para “homenajear a un héroe que supo reconstruir la República”.
En 1874, la Junta Patriótica coordinó un primer homenaje público, incluyó un disparo de cañón cada hora, la bandera a media asta, y las honras fúnebres en el teatro de la ciudad.
Al año siguiente, la Junta Patriótica —reunión de ciudadanos principales, congregada por el ayuntamiento— desveló un testimonio de mármol para nombrar Jardín Juárez a la plazuela donde estaba la jefatura política de la capital del estado —antes le decían plaza de La Chata y del Maíz—.
En efecto, hoy hace 150 años de la imposición de tal nombramiento. En septiembre de ese mismo año, en la Plaza de Armas se estrenó un quiosco y dos fuentes de cantera, al lugar le denominaron Jardín Hidalgo.
La zona verde del Jardín Juárez fue reconstruida en 1956. Colocaron la balaustrada y una fuente de cantera, tal como lo conocemos; aunque entonces el lugar no era exclusivamente zona peatonal. Colocaron un busto de bronce en 1957, el cual fue robado en 2012. Para evadir la anomalía, en el lugar de la obra robada colocaron un busto pequeño de cantera, elaborado en 1906 y dispuesta inicialmente en la alameda. La actual escultura es obra de Pedro Héctor González Ortega y Zalce, tataranieto de Jesús González Ortega.
Julio 18 de 1910
Ramón López Velarde (22 años, jerezano, soltero, estudiante de jurisprudencia, residente en la casa 25 de la sexta calle de Rayón, en San Luis Potosí) compareció ante el juzgado federal.
Se presenta en calidad de testigo, para la defensa de Roque Estrada Reynoso, quien es acusado de ultrajes al presidente de la República. Julio Betancourt, secretario del juzgado, asentó con tinta lo escuchado de Ramón: “Sabe que el señor Estrada tiene buenos antecedentes de moralidad y la conducta fue correcta en los tres días en que fue presentado en marzo [de 1910]. [Reitera]: ‘la conducta fue intachable’”.
Lectura actual
Estoy en Don’t get pa’atrás, libro de José María Navarro. Cada cuento convoca a reflexionar sobre los escenarios de personajes configurados con sencillez y una evidente resiliencia. Estoy contento de leer sobre vivencias cotidianas.
