Infodemia zacatecana 2
La semana pasada, estimada y estimado lector, inicié mi colaboración señalando que “usted no está para saberlo ni yo para contarlo […] pero por voluntad primaria de determinadas personas y en segundo lugar por voluntad mía, soy parte de varios grupos de WhatsApp en donde se vierten muchísimos comentarios, publicaciones, señalamientos y demás, prácticamente todo vinculado a los asuntos públicos, entendiéndose esto como aquello relacionado al actuar gubernamental.
Los comentarios que alcanzo a leer en algún momento (desafortunadamente no me alcanza el tiempo para leer todo) van aderezados con su respectiva “raspada de mueble” a quienes encabezan los distintos gobiernos, de lo cual, por supuesto, nadie de los que estamos involucrados en una tarea gubernamental estamos exentos pero que, sin duda, deja varias lecciones”.
Después, en el desarrollo del texto, traté de mostrar las particularidades del concepto “infodemia” para dar cuenta de cómo el exceso de información nos pone en determinadas situaciones en donde creemos o caemos fácilmente en perspectivas negativas de la información, entendiendo que, como seres humanos, estamos “necesitados” de intercambiar justamente mensajes, referencias u opiniones respecto de tal o cual asunto y muy posiblemente por eso nos dejemos llevar tan fácilmente por ciertas cosas que vemos, leemos o escuchamos.
El problema mayor al que nos enfrentamos me parece, es que cada generación “más nueva” parece tener consigo menos habilidades o herramientas para discernir racionalmente entre una información y otra; por eso mencioné lo que encontré en un texto de la Gaceta de la UNAM, respecto de lo que una investigadora de dicha universidad menciona como algo importante para afrontar la infodemia de la actualidad:
“El pensamiento crítico nos empuja a cuestionar todas las cosas, a preguntarnos si la información que recibimos es cierta o no y si el medio o la persona que la divulga es confiable o no”.
Ahora bien, si tratamos de hacer un ejercicio de análisis de nuestro contexto actual local, tomando como referencia lo gubernamental federal, estatal y municipal, podremos partir de un punto de perspectiva de todo aquello que se da de información, con énfasis en lo público o gubernamental.
A ello, sumémosle el uso que le damos a canales informativos (prensa, televisión, radio, redes sociales y demás, para ver nuestro “consumo de información”. ¿Me sigue? Me parece que todo ello y el ritmo de interacción que tengamos, salvo su mejor opinión, nos genera un sesgo que se va llenando -o aderezando- con la dinámica social personal (interacción familiar, con amistades, en lo laboral e incluso con las aplicaciones de mensajería instantánea) que nos va nutriendo de distintos elementos que intervienen en la interpretación o análisis que hacemos de las cosas.
Con eso en consideración, es posible que entendamos el porqué de lo que sucede en ciertos grupos -como los de WhatsApp que le mencioné en la primera parte de esta colaboración- y cómo es que determinadas voces buscan controlar el debate o bien, propagar o difundir información infodémica -valga la expresión- con una particularidad: la denostación, crítica o reyerta contra la expresión política contraria y sus “seguidores” o “simpatizantes”, con un tufillo de propósito político: posicionarse para la disputa electoral próxima.
Como sea, no queda más que prepararse lo más posible y tratar de participar mediante la opinión o el estudio de determinada información, para corroborar la esencia de ésta.
Independientemente del modo en que cínica o valientemente forman parte del “debate” -cuando les conviene- determinados personajes, necesitamos sobreponernos a la forma en que ell@s piensan: no podemos ni debemos ser ajenos a lo que nos compete, a lo público. Y el elemento fundamental es la crítica, la puesta en tela de juicio de tal o cual afirmación hasta que yo, como tercer interesado, determine su veracidad o certeza.
Reitero el cierre de la pasada colaboración: “Así pues, para combatir la infodemia zacatecana necesitamos pensamiento crítico. Y en este punto es donde debemos cuestionarnos no solamente nuestra preparación para eso, sino aquello que es evidente ante nuestros sentidos, por ejemplo, el dolo y la saña con la que se puede actuar desde el anonimato de las redes sociales, con “información” o contenidos tendenciosos y mezquinos que gente que nos es conocida dispensa a diestra y siniestra, como mercenarios de un pseudo periodismo cancerígeno que no hacen sino mostrar una más de las facetas nefastas del ser humano: el hombre es el lobo del hombre”.
*Doctor en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Administración Pública, UNAM
Facebook: PonchoRealLópez
