Sobre las finanzas públicas en los estados… y los municipios
Usted no está para saberlo ni yo para contarlo, estimado lector, pero la semana pasada tuve la oportunidad de platicar con una persona que conozco desde hace mucho tiempo y con quien me tocó compartir una parte de mi vida profesional pública.
La conversación giró sobre temas académicos que me hicieron recordar lo mucho que me gusta el análisis de los asuntos públicos y uno de ellos son las finanzas públicas de las entidades federativas.
En la conversación, le comentaba que, por diferentes cosas de la vida, me ha tocado adentrarme a la revisión de diferentes tópicos de gobierno y uno de ellos ha sido el presupuestal. Y mire, en este punto, tengo varias opiniones, pero una consideración que ha estado presente en mi formación académica y en mi desarrollo profesional ha sido el gasto público.
Por gasto público, por favor entendamos algo muy simple: “implica el conjunto de erogaciones que realizan los gobiernos Federal, Estatal y Municipal, el sector paraestatal y los Poderes Legislativo y Judicial, en el ejercicio de sus funciones.
Los objetivos del gasto público pueden ser múltiples. En principio, se establecen de acuerdo con su contribución con el bienestar social. En la práctica, es necesario aproximar la maximización deseada del bienestar social mediante la interacción de los representantes populares y los funcionarios del Poder Ejecutivo.
Los primeros señalan las demandas de la sociedad y los segundos las posibilidades reales de llevarlas a cabo, de acuerdo con el conjunto de restricciones existentes”. (Barnés, Evolución del gasto público).
Por eso la consideración de la importancia de las finanzas públicas. Cuando una entidad federativa o un municipio tienen cierto orden y control de los recursos públicos, y se considera que existe una correlación equilibrada entre los ingresos que tiene el estado y el ejercicio de los egresos, tenemos la posibilidad de atender distintas necesidades, prioridades o compromisos que, en teoría, son estructurales o fundamentales para el desarrollo de la entidad.
Pero un problema de esto es cuando, de acuerdo con lo citado párrafos arriba, la interacción entre los representantes populares y los funcionarios del Poder Ejecutivo, particularmente, no tiene una comunicación sólida ni puentes específicos de entendimiento que permitan poner sobre la mesa las necesidades reales y apremiantes de una población en un territorio.
Cuando la mezquindad política, la visión limitada o la soberbia gubernamental no permiten un análisis mayor, profundo y certero respecto del alcance de las decisiones en el uso de los recursos públicos, es altamente probable que las decisiones que se toman en cuando a gasto público puedan generar vacíos o huecos considerables que no son fáciles de solventar en años.
Por eso, durante esta época de informes que podemos ver en distintos actores gubernamentales de las diferentes perspectivas y ámbitos de gobierno, debiera llamar nuestra atención la narrativa alrededor de las finanzas públicas, es decir, el qué dicen, cómo lo hacen y qué posición manejan respecto de los recursos públicos y su presupuestación o ejecución de gasto (a favor o en contra de tal o cual medida de las finanzas), porque ello nos puede dar luz respecto de todo aquello que han hecho -o han dejado de hacer- en relación a su compromiso público.
Los recursos públicos son limitados y es posible afirmar que, hoy más que nunca, cada peso público debe ser manejado con inteligencia, precisión y certeza, para que estados y municipios logren tener una situación financiera óptima que, si bien no resulte en la posibilidad de grandes obras o acciones rimbombantes, sí puedan dejar servida la mesa para que, en un futuro, mejores gobiernos consideran la importancia de las finanzas públicas sanas y su beneficio social.
*Doctor en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Administración Pública, UNAM
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