La ciencia al servicio de la verdad y la justicia
En la investigación de los delitos existe un personaje clave que en muchas ocasiones pasa inadvertido para la sociedad: el perito. Su tarea es trascendental, ya que con su conocimiento especializado acerca a la justicia a la verdad de los hechos. Su labor no se limita únicamente a describir hallazgos técnicos, sino que representa el puente entre la Ciencia y el Derecho, ya que traduce el conocimiento científico en pruebas objetivas que nos permiten orientar las decisiones judiciales.
La ciencia, puesta al servicio de la verdad y la justicia, constituye el eje central del trabajo pericial. Cada perito desde su especialidad, ya sea medicina legal, lofoscopía, criminalística, química, genética, balística, entre muchas otras, aporta una visión experta que contribuye a desentrañar hechos complejos que, de otra forma, quedarían en el terreno de la especulación. De esta manera, el perito demuestra cómo la ciencia se convierte en aliada de la justicia.
Hablar de peritos es hablar de profesionales que transforman datos en verdad, indicios en pruebas y silencios en respuestas. Su trabajo no solo resuelve procesos, sino que nos recuerda que la ciencia no es fría ni distante, sino que tiene un lado humano cuando se ejerce con ética y vocación de servicio.
En una investigación, el perito cumple una doble función: la de investigador auxiliar, y la de testigo experto. Como investigador, tiene la responsabilidad de recolectar, analizar e interpretar los indicios encontrados en el lugar de los hechos.
Como testigo experto, comparece ante la autoridad judicial para explicar, con un lenguaje claro y accesible, las conclusiones de sus análisis y el método utilizado para obtenerlas, pero sobre todo, lleva esperanza en sus palabras, porque carga con la responsabilidad de la credibilidad que le da su cargo.
Por ello, su participación resulta vital en la búsqueda de respuestas ante tantas dudas generadas durante el camino. Esto se puede traducir en que, un dictamen pericial bien estructurado puede confirmar, descartar o reorientar líneas de investigación; puede, incluso, marcar la diferencia entre una imputación sin sustento y una acusación respaldada por pruebas contundentes. En este sentido, el trabajo pericial es una garantía para todas las partes del proceso, pues ofrece objetividad y certeza.
Decir que el perito trabaja solo con ciencia es incompleto, trabaja además con humanidad, detrás de cada dictamen pericial hay un esfuerzo por responder a víctimas que buscan justicia, a familias que reclaman verdad y a una sociedad que exige vivir en paz.
Cada análisis, cada resultado y cada conclusión no son solo datos fríos, son fragmentos de verdad que ayudan a reconstruir historias, a sanar heridas y a evitar que la impunidad destruya la confianza de la sociedad en las instituciones.
Cada que un perito analiza una huella dactilar, una mancha de sangre, un arma de fuego o un documento, lo hace con total convicción de que cada indicio puede convertirse en pieza clave para reconstruir lo sucedido, entonces, la ciencia forense aplicada bajo este contexto, nos señala también que su verdadera misión es mucho más profunda: es dar voz en momentos donde la duda y la incertidumbre dominan, es la ciencia con rostro humano.
La labor del perito dentro de la investigación de los delitos representa una de las expresiones más claras de cómo la ciencia se convierte en aliada de la verdad y la justicia, nos recuerda que ésta no puede caminar sin el respaldo del conocimiento científico, y reconocer su labor es reconocer que la verdad solo se alcanza cuando participan las ciencias forenses de la mano, manifestación concreta de que sin ciencia no hay justicia.
*Columna colectiva de la Fiscalía General del Justicia del Estado (FGJE)
** Directora General de Servicios Periciales
