Guardianes del Patrimonio: Hacia una Cultura de la Legalidad
El persistente aumento global del crimen grave y la corrupción a lo largo de los últimos 25 años exige una reevaluación de nuestra estrategia de combate. Si bien las medidas regulatorias y de impartición de justicia son fundamentales para el Estado de Derecho, la experiencia sugiere que un enfoque puramente institucional será insuficiente por sí mismo en la próxima década.
La solución requiere una estrategia complementaria: un cambio fundamental de valores que fomente una sociedad o cultura que apoye activamente al Estado de Derecho.
Esta es la esencia de una Cultura de la Legalidad, es decir significa que el ethos y pensamiento dominantes en una sociedad simpatizan con la observancia de la ley. Bajo un verdadero Estado de Derecho, todos, incluidos los gobernantes, son responsables ante la ley y se les trata por igual.
La participación ciudadana en la prevención reduce la necesidad de un sistema penal y policíaco masivo, y mitiga el riesgo de vigilancia gubernamental violatoria de las libertades individuales.
Debemos entender que la cultura necesita la ejecución de la ley, pero a su vez, los ejecutores necesitan la cultura. Sin una cultura de la legalidad, el Estado de Derecho no es realmente viable ni deseable, ya que sin ella, la policía y el sistema judicial son ineficaces.
El cambio cultural, aunque difícil, es posible, como lo demostraron los esfuerzos exitosos en Hong Kong y Sicilia entre los años 60 y 90. Para replicar esto, es necesario movilizar y armonizar cuatro sectores clave, asegurando que operen de manera sinérgica.
1. Educación Cívica y Escolar: Fortalecer y educar a la ciudadanía, especialmente a los jóvenes, es esencial, ya que el conocimiento y las actitudes no se dan automáticamente.
Al cambiar la actitud de la próxima generación, los estudiantes se convierten en un electorado clave para el cambio a largo plazo. Los programas formales, idealmente desde los primeros años de la primaria y la secundaria, deben impartir conocimientos y destrezas para prevenir la delincuencia y la corrupción.
2. Centros de Autoridad Moral: Individuos e instituciones no gubernamentales como las instituciones de fe, artistas, escritores y líderes valientes. Estos centros refuerzan los aprendizajes escolares y crean conciencia sobre la responsabilidad ciudadana. El caso de Sicilia, donde la Iglesia tardó décadas en denunciar a la Mafia, subraya la importancia de que estos líderes utilicen su autoridad para condenar el crimen y la corrupción.
3. Los Medios y la Cultura Popular: Los medios de comunicación masiva son instituciones poderosas que deben vigilar el comportamiento de los funcionarios públicos y hacer públicos sus hallazgos para mantener la transparencia.
Además, deben fomentar la participación pública, por ejemplo, dando espacio a las opiniones de los jóvenes sobre el Estado de Derecho, como hace el Giornale Di Sicilia. La cultura popular (música, cine, televisión) no debe subestimarse, ya que puede reforzar los valores de una ciudadanía que acata la ley si se enfoca en glorificar a los héroes que luchan contra la corrupción.
4. Las Corporaciones Policíacas: La policía debe poner el ejemplo y fomentar una cultura profesional y respetuosa de los derechos ciudadanos. La integración de la enseñanza de la Cultura de la Legalidad en su currículo académico ayuda a los agentes a comprender por qué respetar el Estado de Derecho conduce a un trabajo profesional y efectivo, enseñando habilidades para ser vistos como líderes y ejemplos a seguir en la comunidad.
Desarrollar esta cultura toma tiempo. Sin embargo, la movilización institucionalizada de estos cuatro sectores, como ha sido comprobado en diversas regiones, proporciona la guía útil para que las sociedades forjen un cambio duradero. Cuando una comunidad está dispuesta a cambiar la cultura, las dos ruedas de la carreta pueden avanzar en armonía.
*Columna colectiva de la Fiscalía General de Justicia del Estado (FGJE)
*Director General de Desarrollo y Evaluación
