Una orden de tripa con todo
“En el vino hay sabiduría, en la cerveza hay fuerza, en el agua hay bacterias (Benjamín Franklin).
Y ustedes, amables lectores, se preguntarán sobre el título de esta columna y les responderé que, me encontraba echando unos tacos, cuando de repente me vino a la memoria que el 20 de noviembre se celebra el cincuenta aniversario de la muerte del dictador Francisco Franco. (“Chingada madre, ya me cayó salsa en el suéter”). Y bien, como les iba diciendo, un 20 de noviembre de 1975, el cruel autor intelectual de la muerte de miles de españoles se fue derechito al infierno; aunque algunos personajes señalan al diario español El País, que en realidad murió el día 19, pero en lo que lo preparaban, y hacía el molde de su siniestro rostro para hacer muchas estatuas en su memoria, pues todo quedó en el 20, después de haberle pasado el bastón de mando a Juan Carlos I, sí el mismo corrupto padre del actual rey Felipe, el mismo que se dejaba fotografiar en sus andanzas de cacería con los colmillos de algún elefante. Total, un pinche vato miserable.
Según los datos históricos, el dictador nombró al cazador furtivo, Juan Carlos de Borbón, su sucesor a título de rey en 1969 y, a punto de colgar los tenis, lo designó para asumir la Jefatura del Estado de manera temporal. A la muerte del chacal, Juan Carlos fue proclamado rey el 22 de noviembre de 1975. O sea que Franco ya tenía todo perfectamente planeado para cuando abandonara el mundanal mundo, no sin antes permitirse mandar fusilar a cinco personas el 27 de septiembre de ese año, de los cuales tres formaban parte del Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP), entre los que se encontraba José Humberto Baena Alonso, lo que generó diversas manifestaciones y una huelga general, reprimida de manera feroz.
La muerte de estos patriotas españoles también generó (“Eh Don, écheme otra orden de suadero con todo”), el repudio internacional. Incluso el folclórico y represivo Luis Echeverría pidió la expulsión de España de las Naciones Unidas. Entre trago y trago de agua de horchata, Echeverría se convertía (sic) en estandarte de la democracia. (En ese momento me atraganté con el taco, por lo que pedí de volada un Boing de fresa). Queriendo emular a Lázaro Cárdenas, quien desconoció por completo la legitimidad de la dictadura franquista y se convirtió en un adalid del humanismo, aislando a miles de españoles que llegaban en buques desde el viejo continente.
(“Pinche salsa roja esta sabrosa pero picosa. Ni pex, me tendré que echar una orden de lengua para acabarme el Boig”). España vive momentos difíciles, con una ultraderecha rabiosa que ansía derrocar el gobierno de Pedro Sánchez y, algunos partidos de izquierda timoratos, que nada más no le atinan a frenar a los porros del Partido Popular y Vox. Vean el caso del Tribunal Supremo español que acaba de condenar al Fiscal General del estado, por la supuesta filtración de secretos, cuando todos los periodistas interrogados han señalado que la filtración salió de la prensa, pero que no pueden revelar su fuente.
El asunto, sin lugar a dudas politizado, reveló lo que muchos temían, que los tres magistrados nombrados por el Partido Popular -de la derecha- iban a votar a favor de la inhabilitación mientras los otros dos iban a votar por la nulidad del proceso. (“Uta madre que ricos tacos. Creo que pediré para llevar”). ¿Qué la justicia no se politiza? No me hagan reír mis cuates. Los magistrados o ministros, siempre le pagan favores a quienes les apoyan, así se la vivió Salinas Pliego amparo tras amparo para no pagar impuestos, por eso anda de berzotas, pagando marchas en contra de la presidenta.
La derecha y ultraderecha andan a todo lo que da en el planeta, jodiendo a más no poder y buscando de mil maneras desestabilizar gobiernos emanados del voto ciudadano. Aunque debemos de decir que hay de derechas y ultraderechas; no confundir al PP español con el PAN mexicano que, aunque sean igual de reaccionarios y jijos de su jijurria, hay niveles. Aun y cuando lo imbécil no se les quite -como a Vito Quiles y los influencers nacionales-. En calidad de mientras, algunos celebramos la muerte del dictador Francisco Franco, echándonos unos tacos muy nacionales. (“Esta pinche enchilada nadie me la quita. Pero este suadero está de primera”).
