Los nuevos con poder
Luego de la protesta de ley, el 16 de septiembre de 1900, el gobernador Genaro G. García designó inmediatamente al secretario de gobierno —a las once de la mañana, una media hora después de estar ante los diputados—. En otras reuniones puso al tesorero, a los responsables de la seguridad pública y al director de Instrucción primaria. Diario nombró uno o dos jefes políticos de los partidos que integraban Zacatecas.
Para completar su personal hizo enroques, llamó al personal elegido para el Poder Judicial, al grado que esa instancia tuvo una integración distinta a lo inicialmente proyectado. Con estas acciones, quienes reconocían como líder al general Jesús Aréchiga, fueron desplazados de la burocracia y las posiciones políticas, generando con ello una potencial oposición estatal.
Es dable asentar: pese al reconocimiento público de Genaro G. García, por su condición de hacendado, socio del Banco de Zacatecas y de la Compañía de Luz, poco había intervenido en acciones de índole político. Igual el resto de su familia, los García Salinas; después del gobierno de Gabriel García Elías (1870-1874) dejaron de inmiscuirse en las disputas políticas de la entidad, su atención se centró en sus actividades mineras, ganaderas y agrícolas, con las que amasaron una impresionante fortuna, una de las de más peculio en Zacatecas.
Merced a compras, herencias o matrimonios, los García fueron propietarios de las haciendas Rancho Grande, en Fresnillo; Tacoaleche, Trancoso y San Pedro Piedra Gorda, en Guadalupe y en Ojocaliente; San Nicolás de Quijas y San Marcos, en Pino, esta última era la hacienda de Genaro.
El abogado Ignacio Castro, inicialmente electo magistrado, lo nombró secretario de gobierno. Él procedía de la familia de José María Castro, gobernador de Zacatecas en el inicio de la Guerra de Tres Años, más filial a los moderados de la capital estatal —Miguel Auza, Manuel González Cosío, herederos del capital político de Francisco García Salinas, tanto como el gobernador García—. Por cierto, una nieta suya fue la escritora Dolores Castro.
Frausto Arias fue a la Tesorería general del estado En las jefaturas políticas —los titulares eran intermediarios entre el gobernador y las municipalidades de su circunscripción. El partido era un distrito electoral y una jurisdicción judicial— fueron destinados: Rafael Paez en la capital del estado. Hoy día él es situado como el impulsor del jardín principal de Jerez. Herlindo Lazalde en Sombrerete, ahora es un personaje muy recordado por las obras materiales que emprendió. El licenciado Valerio A. Velasco fue enviado a Mazapil; Alberto Iturralde a Jerez; el rico propietario Aureliano Castañeda a Tlaltenango, donde era vecino; Ignacio Villagrana a Nochistlán; Manuel González a Villanueva; Francisco C. Espino a Nieves.
Francisco Correa Magallanes permaneció en Fresnillo. Luis Reynoso, aunque resultó electo juez para Mazapil, lo nombraron jefe político en Juchipila, donde era vecino. Un nombramiento federal que impacta en la formación del nuevo grupo en el poder es el del abogado Adolfo Enciso Álvarez, fue colocado como juez de Distrito —el Poder Judicial federal—, él permanecerá hasta 1914; en los años por venir será gobernador.
Un factor que potenció la oposición arechiguista, tan presumida de ser liberal y republicana, fue la implementación abierta, por parte de los genaristas, de la conciliación con la Iglesia Católica, acción que permitió la reaparición pública del clero y la participación política de algunos actores políticos denominados “conservadores” —ocurrieron entonces más edificaciones religiosas, el fomento de sociabilidades religiosas de trabajadores del campo y centros mineros—.
El caso más reconocido en la conciliación es la designación del abogado Rafael Noriega como diputado local. La permisidad contribuyó al inicio de una sistemática campaña de descalificación del pasado político inmediato, se hizo definiendo a los desplazados arechiguistas como “fanáticos y sectarios”. Los nuevos en el poder fueron proyectando su discurso y legitimidad con base las propuestas del papa León XIII y publicados en El Eco de Zacatecas.
La oposición política no emergió solo por la exclusión, sino por desplazar la plataforma ideológica que cimentaba el régimen en el país y especialmente en el estado.
