ZACATECAS. La narrativa en los contenidos culturales influenciados por la narcocultura se ha modificado con el paso de los años. El protagonismo se ha desplazado a los victimarios para poner en el papel central a las víctimas y los afectos, como formas de resistencia, no violencia. Así lo demostró el académico, Alejandro Ortega Neri, al presentar parte de su investigación doctoral “Resistencia, no violencia y afectos en la cultura de la violencia en México”, en la unidad académica de Antropología de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ).
A partir del estudio de contenidos musicales, cinematográficos y literarios, el historiador identificó tres períodos clave para entender la narcocultura en México:
El primero, situado entre 1973 y 1998, se caracterizó por la exhibición de la violencia criminal en la música y el cine, centrados en los victimarios que son representados por la figura del traficante de drogas.
El segundo periodo, expuso, se dio entre 2006 y 2014 con la explosión de la violencia en la guerra contra el narco, a cuya narrativa enfocada en los victimarios se sumó la violencia explícita.
Ortega Neri destacó que, a partir de 2014, ocurrió un giro de la narrativa mediante el desplazamiento de la mirada hacia las víctimas con el caso Ayotzinapa, donde hubo una sustitución de la exposición de la violencia de una forma explícita por historias en las que predomina el acompañamiento, los afectos y abrazos entre las víctimas.
“Estas narrativas han mutado hacia este horizonte. Entonces, quitándole todo o restándole todo poder de representación a los victimarios. En este sentido a los integrantes de los grupos delictivos”, explicó.
El académico considera como coyuntura el caso de los normalistas de Guerrero, ya que permite darnos cuenta de que la sociedad civil estamos a merced tanto del crimen organizado como de las fuerzas del Estado, y de que hay que acompañarnos como víctimas mediante los afectos.
En la nueva narrativa “hay signos también de resistencia, por ejemplo, como los trabajos, el sentido comunitario, pero incluso también como la risa y el amor entre víctimas”, señaló.
Ante estudiantes e interesados en el tema, Alejandro Ortega sostuvo que la idea de su investigación es voltear a ver a las manifestaciones de los afectos, que como sociedad nos sumemos y practiquemos la política de la no violencia, que habla de una igualdad radical.
«Es decir, aunque no conozcamos a estas personas ni sepamos de su vida, todas las personas merecen ser protegidas y todas sus vidas merecen ser lloradas y sus angustias merecen ser acompañadas; la colectividad es una resistencia que es necesaria y que cada vez está tomando más forma y poder”, mencionó.
