MELCHOR OCAMPO. La manufactura de artesanías realizadas con la talla de las llamadas fibras duras, como el ixtle o del agave de lechuguilla, está desapareciendo porque las nuevas generaciones de las comunidades dedicadas a esta técnica optaron por migrar a las grandes ciudades y cambiar su forma de vida.
Anteriormente la talla de lechuguilla o ixtle generaba una gran derrama económica en las localidades de Melchor Ocampo. Grupos de personas se dedicaban a procesar la fibra, luego la entregaban a los artesanos que creaban productos hechos a mano, biodegradables y, sobre todo, de gran resistencia, como reatas o cuerdas y mortigones.
Sin embargo, hoy en día las comunidades Matamoros, Santa Elena y San Miguel son las únicas donde aún se realiza esta labor milenaria con productos a los que antes podían dar un valor agregado.
En la actualidad, los talladores de lechuguilla o ixtle siguen con su labor solo para venderla a los coyotes o compradores externos, quienes deciden el precio a pagarles.
LEGADO, EN EL OLVIDO
Adolfo Martínez Tristán, director de Obras Públicas del municipio, reconoció que esta actividad ha ido tendiente a desaparecer, aunque todavía hay personas dedicadas a la talla de las fibras con las que se elaboran de forma industrial productos para la limpieza o el uso personal, como estropajos, morrales, tapetes, redes de pesca, cuerdas, cepillos y otros.
Tras el fallecimiento de las personas que producían artículos como canastos, lazos, mortigones, cabrestos y otros, advirtió que las nuevas generaciones dejaron de lado la talla que caracterizó el trabajo de los artesanos en las comunidades semidesérticas.
En este sentido, agregó que ahora solo personas adultas y las tres localidades mencionadas se dedican a la talla de ixtle, pues los jóvenes optan por migrar a Saltillo, Ramos Arizpe o Monterrey, así como por desempeñarse en empresas mineras de la región.
Debido a ello, expuso el funcionario local, en la actualidad hay muy pocos talladores que persisten en trabajar el ixtle y “ya no lo procesan para darle el valor agregado”, pues ahora las empresas reciben las fibras de los revendedores que acuden al menos una vez por semana a recoger las cargas.
MALA PAGA
Adolfo Martínez comentó que, si bien se dio apertura a compradores provenientes de Nuevo León, San Luis Potosí y Torreón, Coahuila, la labor de los talladores requiere un día entero tan solo para reunir como máximo dos kilos de material que valen poco. “Los precios no son justos, las labores realmente son muy castigadas”.
Al respecto, detalló que los trabajadores salen al campo a buscar el cogollo de la lechuguilla, lo cargan y trasladan hasta su comunidad para comenzar el proceso del tallado. De esta manera, durante una semana, acumulan el producto y lo ponen a secar, en espera de que los compradores lleguen en determinados días.
Sin embargo, expuso, este largo proceso solo les otorga un pago irrisorio que va de los 25 y hasta los 33 pesos, lo que depende de la limpieza que lleve el ixtle.
RIESGOS CONTINUOS
El funcionario local explicó que la talla de la lechuguilla se realiza de dos formas: la primera es la manual, que es “muy lenta”, con una herramienta tipo cuchillo y un banco de madera donde se acoplan las pencas para hacer un eje, comenzar a frotar y quitar el material que no sirve. “Eso lo hacen durante todo el día”.
La segunda manera, y la más reciente, es usar una máquina o molinos creados por herreros de forma rústica; sin embargo, al no ser de fabricación industrial no cuentan con las suficientes medidas de seguridad y ya han registrado accidentes como cortes de dedos o manos.
“Son máquinas eléctricas que sí les facilitan el trabajo, pero también lo vuelven muy peligroso; sí ha habido varios accidentes; es recurrente donde alguno de los dedos se rebana”, advirtió.
Aunado a ello, Adolfo Martínez expuso que los talladores no pueden utilizar guantes porque dificultan el manejo de las pullas y “esto provoca que en ocasiones puedan tener este tipo de accidentes muy lamentables”.
Asimismo, lamentó, ya nadie elabora las artesanías que dejaban más ingresos económicos, por lo que los trabajadores se conforman con tratar de ganar algunos pesos por días completos de trabajo. En tanto, las grandes empresas fabricantes de estos artículos, que todavía se producen a gran escala, se llevan las mayores ganancias.
De esta manera, dijo, es como subsisten los talladores de ixtle de las comunidades en el semidesierto zacatecano.
