Las reglas no son un castigo
Hola, mi nombre es Victoria Ordaz. Soy estudiante de la Escuela María R. Murillo y estoy cursando el quinto grado de primaria. Soy una Guardiana, integrante de la Fuerza Infantil Justicieros, de la Fiscalía General de Justicia del Estado de Zacatecas; y hoy les quiero hablar sobre cómo las reglas en el hogar impactan en nuestra sociedad y en la forma en la que vivimos y actuamos.
En mi casa, las reglas siempre han sido importantes. Mis papás me enseñaron desde pequeña a ordenar mi cuarto, hacer mi tarea, respetar horarios y, sobre todo, ser amable con todas las personas con quienes convivo. Hay algo sobre mí que no te he contado: desde los 5 años practico un deporte maravilloso llamado gimnasia artística. Actualmente, soy nivel 5 y he asistido a muchas competencias en las que he ganado varias medallas. Todo esto ha sido posible porque practico dos horas diarias. A veces me canso, pero entiendo que todo esfuerzo tiene una recompensa; por eso, pienso que las reglas no son un castigo, sino una forma de ayudarnos a crecer como personas responsables.
Fuera de casa, las reglas también son necesarias. Si en el hogar aprendemos a obedecer, respetar turnos y cuidar las cosas, entonces, en la escuela, el parque o cualquier otro lugar, sabremos comportarnos mejor. Un niño que aprende a respetar en casa seguramente entenderá la importancia de hacerlo fuera de ella, obedecer las señales de tránsito y de respetar a otras personas. En cambio, cuando en los hogares no existen reglas, muchos niños crecen pensando que pueden hacer lo que quieran, sin importarles cómo se sientan los demás.
Últimamente, es común ver madres y padres descuidados y desinteresados que dejan que sus hijos hagan desorden, utilicen lenguaje inapropiado, tiren basura o falten al respeto sin que haya consecuencias. Algunos hasta se enojan cuando los maestros les llaman la atención. Eso es muy triste, porque los niños necesitamos límites y buenos ejemplos desde pequeños para aprender a comportarnos correctamente. Mamá y papá son nuestros primeros maestros en la vida, si en casa no enseñan disciplina, honestidad y respeto, más tarde será más difícil que nos comportemos correctamente en la sociedad.
Como Guardianes de la “Fuerza Justicieros”, nosotros, niñas y niños, podemos ayudar a detener la corrupción. Empecemos diciendo siempre la verdad, aunque nos dé miedo. También debemos evitar las trampas, copiar tareas y aprovecharnos de otros.
Por ejemplo, algunos de mis compañeros me han pateado la lonchera o se han dirigido a mí con lenguaje inapropiado. Al principio me daba vergüenza decirle a mi maestro, pero un día me llené de valor y le conté lo que hacían con mis cosas. El maestro les llamó la atención y habló con sus papás a la hora de la salida; desde entonces, mis compañeros y yo tenemos una buena relación.
También es importante que las reglas sean iguales en todos lados. No tiene sentido que un niño respete en la escuela si en su casa le permiten hacer lo que quiera. Tampoco sirve que en casa le enseñen valores si en el parque rompe juegos o trata mal a otros niños solo porque no hay un adulto observándolo. Las reglas deben acompañarnos siempre, porque forman parte de nuestra educación y serán la base de nuestra personalidad en el futuro.
En la gimnasia he aprendido que la disciplina ayuda a alcanzar metas. Si no entreno diario, si llego tarde o si no escucho a mis entrenadores, nunca podré mejorar. Lo mismo pasa en la vida: “Las personas responsables y disciplinadas logran más cosas y ayudan a que la sociedad funcione mejor”. En mi familia tenemos una frase que dice: “El que suda más en la práctica, sangra menos en la guerra”.
Yo creo que madres y padres nos deben enseñar reglas y valores desde pequeños. Aunque a veces sea difícil, los niños necesitamos guía para convertirnos en ciudadanos honestos, respetuosos y responsables. Solo así podremos construir un futuro más justo para todos.
*Alumna de 5to grado de la Escuela Primaria María R. Murillo
