El torero mexicano recibió el doctorado el 12 de agosto de 2011 en Gijón, de manos de José Tomás y con Alejandro Talavante como testigo
Este 12 de agosto se cumplen quince años de una tarde que marcó la carrera de Diego Silveti y escribió un nuevo capítulo en una de las dinastías fundamentales del toreo mexicano. Fue en la plaza de El Bibio, en Gijón, donde el guanajuatense recibió la alternativa de manos de José Tomás, con Alejandro Talavante como testigo.
El escenario y el cartel daban especial dimensión al acontecimiento. Ante una plaza llena y con toros de Salvador Domecq, Silveti se convirtió en matador de toros con “Lisonjero”, número 54, negro burraco, de 465 kilos. Cerró aquella tarde con ovación tras aviso y vuelta al ruedo tras aviso, mientras Talavante cortó dos orejas y José Tomás paseó un trofeo. Pero detrás de aquella ceremonia existía también una coincidencia que enlazaba dos generaciones.
Dieciséis años antes, José Tomás estuvo cerca de recibir la alternativa de manos de David Silveti, padre de Diego, en la Plaza México. Estaba anunciado para doctorarse el 10 de diciembre de 1995, pero una lesión de rodilla impidió a David Silveti comparecer aquella tarde y finalmente fue Jorge Gutiérrez quien fungió como padrino.
El destino taurino terminaría por cruzar nuevamente ambos apellidos. En 2011 fue José Tomás quien entregó muleta y espada a Diego Silveti para convertirlo en matador de toros.
La alternativa representó además la continuidad de una historia familiar excepcional. Diego pertenece a la cuarta generación en línea directa de los Silveti, iniciada por su bisabuelo Juan Silveti Mañón y continuada por su abuelo Juan Silveti Reynoso y su padre, David Silveti. Su tío Alejandro Silveti también alcanzó el grado de matador de toros.
Quince años después de aquella tarde en Asturias, la trayectoria de Diego Silveti se ha construido entre México, España y otros escenarios internacionales, atravesando triunfos, percances y etapas de distinta exigencia que han terminado por darle la madurez que hoy muestra en el ruedo.
Uno de los capítulos recientes de mayor repercusión llegó el 5 de febrero de 2025 en la Monumental Plaza México, durante la corrida del 79 aniversario y la despedida de Enrique Ponce. Silveti cortó las dos orejas del primero de su lote y salió a hombros junto al maestro valenciano, en una noche especialmente significativa para su carrera.
Aquella actuación adquirió además una dimensión inesperada con el paso de los meses. La Plaza México cerró posteriormente sus puertas a los festejos taurinos, por lo que la imagen de Silveti saliendo a hombros quedó, hasta ahora, como la última Puerta Grande de un matador mexicano en el coso de Insurgentes.
A tres lustros de aquel 12 de agosto de 2011, Diego Silveti continúa escribiendo su propia historia dentro de un apellido inevitablemente ligado al toreo mexicano. El peso de cuatro generaciones ha acompañado su camino, pero estos quince años también han servido para construir una trayectoria con identidad propia. Gijón fue el punto de partida como matador de toros. Quince años después, la historia continúa.

