El mexicano dio una vuelta al ruedo tras firmar los pasajes de mayor hondura en el inicio de la Feria de San Miguel
La Feria de San Miguel abrió este jueves en la Real Maestranza de Sevilla con una novillada de Garcigrande en la que Ignacio Garibay puso el acento mexicano a una tarde condicionada por el desigual comportamiento del encierro. El joven torero reaparecía apenas trece días después de la grave cornada sufrida en Arganda del Rey y lo hizo mostrando un concepto asentado, sensibilidad y una notable capacidad para templar.
Garibay se presentó en el coso del Baratillo dispuesto a hacer notar su personalidad desde que tomó el capote ante el segundo. Lo recibió con verónicas de cadencia y gusto, toreando despacio y acompasando con el cuerpo las embestidas de un novillo que después confirmó nobleza y clase.
Con la muleta volvió a aparecer esa expresión. Hubo torería en los trincherazos del inicio y, cuando comenzaba a tomar cuerpo la faena, sufrió una aparatosa voltereta. Se levantó y regresó a la cara del novillo sin alterar el planteamiento.
Fue entonces cuando llegaron los momentos de mayor dimensión de su actuación. Garibay aprovechó la franqueza del de Garcigrande para correr la mano con temple y profundidad. Especialmente al natural consiguió reducir la velocidad de las embestidas, dejando muletazos muy despacios, llevando al novillo hasta el final del trazo y dando continuidad a las series. Cerró por luquesinas antes de dejar una estocada baja que redujo el efecto de lo realizado. Hubo una leve petición y finalmente dio una vuelta al ruedo.
El quinto ofreció un registro distinto. Sin fondo ni continuidad, terminó por impedir cualquier posibilidad de construir una faena de mayor entidad. Garibay volvió a expresarse con gusto a la verónica y buscó después administrar las escasas embestidas con la muleta. Por el pitón izquierdo dejó los pasajes más limpios, nuevamente con suavidad en el trazo, pero el novillo no permitió mucho más. Esta vez acertó con la espada y fue silenciado.
Olga Casado abrió plaza con un ejemplar noble pero muy justo de fuerzas. Después de un saludo capotero de buen gusto y un quite por saltilleras, encontró en el pitón derecho la posibilidad de correr la mano con limpieza. La falta de recorrido y el progresivo agotamiento del novillo terminaron por limitar su labor.
Con el cuarto volvió a mostrar personalidad. Llevó la faena a los medios y encontró por el derecho los mejores pasajes, con series de pulso y empaque. El novillo fue de más a menos y acabó desfondado cuando el trasteo buscaba crecer. Casado recibió una ovación tras aviso.
La otra nota de interés estuvo en Manuel Domínguez, que además de presentarse en la Maestranza hacía su debut con picadores. “Hebreo”, tercero del festejo, le permitió enseñar argumentos. El sevillano mostró recursos técnicos por el pitón derecho y alcanzó mayor expresión al natural, echando la muleta con suavidad y trazando los muletazos con limpieza. Su primera actuación en este escalafón dejó una impresión favorable.
El sexto, deslucido y con escasas posibilidades, exigió otro planteamiento. Domínguez mantuvo la firmeza e intentó encontrar opciones por ambos pitones. De nuevo aparecieron algunos naturales de buen trazo, aunque la condición del novillo impidió que la faena adquiriera continuidad. Tampoco estuvo acertado con la espada.
Así comenzó San Miguel en Sevilla: con una novillada desigual de Garcigrande y tres nombres jóvenes mostrando conceptos distintos. Dentro de ese conjunto, Ignacio Garibay dejó la expresión más profunda de la tarde en su primero. Trece días después de una cornada grave, su regreso no se sostuvo únicamente en volver a vestirse de luces, sino en la manera de hacerlo: toreando despacio.
Ficha: Sevilla, jueves 24 de septiembre de 2026. 22ª de abono. Novillos de Garcigrande. Olga Casado, silencio y ovación tras aviso; Ignacio Garibay, vuelta al ruedo y silencio; Manuel Domínguez, ovación tras petición.

