Septiembre, otras versiones del grito
En esta colaboración comparto dos opiniones sobre el 15 de septiembre de 1810 y lo probablemente dicho por el padre Miguel Hidalgo y Costilla, cura del pueblo de Dolores. Lo hago no con afán negacionista, revisionista o anti bronce orgánico, sino como una propuesta para situar referencias sobre un hecho configurado como fundacional de la nación del Estado mexicano.
UNO
“Hidalgo nunca dijo “Viva México”. No por falta de patriotismo: porque México no existía. “México” era el nombre de la ciudad capital, no del territorio. Decir “Viva México” a unos campesinos de Guanajuato en 1810 no habría significado absolutamente nada.
“No hay registro de sus palabras exactas. Las reconstrucciones más antiguas —Abad y Queipo y fray Diego de Bringas en 1810, Juan Aldama en 1811, Servando Teresa de Mier en 1813, Lucas Alamán en 1840— coinciden en algo que hoy suena rarísimo: todas incluyen vivas a Fernando VII, el rey de España. La palabra “independencia” aparece por primera vez en una versión de 1884. Setenta y cuatro años después.
“Y hay algo mejor. El historiador Alfredo Ávila, de la UNAM, reconstruye a partir de los primeros testimonios lo que Hidalgo dijo esa madrugada: que estaban perdidos, que los franceses ya habían tomado España y venían por ellos, que se acababan la opresión y los tributos —y que les iba a pagar medio peso al día a los que lo siguieran a pie y un peso a los que fueran a caballo—. No fue un discurso. Fue una oferta, hecha a gente que no tenía nada”. Escritor Pedro J. Fernández, publicado en X (septiembre 15 2026).
DOS
“El llamado conocido como el Grito de Dolores marcó el inicio de la guerra de independencia. Con campanas repicando fuera de horario y un atrio lleno de fieles sorprendidos, Hidalgo transformó una conspiración en insurrección. Aquel acto, aunque de orígenes imprecisos, se convirtió en el mito fundacional de la nación mexicana.
“El historiador Carlos Herrejón Peredo sostiene que Hidalgo pronunció tres arengas ese día: una breve desde la ventana de su casa, otra en el atrio parroquial y una más dirigida a los principales del pueblo. La multiplicidad de discursos explica la diversidad de versiones transmitidas a lo largo de dos siglos.
“Entre los testimonios más conocidos está el de Pedro García, compañero de Hidalgo, quien recuerda que el cura habló contra los tributos y la opresión, invocó a la Virgen de Guadalupe y llamó a combatir por la libertad. Otro relato, de Juan Aldama, destaca el llamado a defender la patria de los franceses y la promesa de recompensas económicas a los insurgentes.
“La falta de documentos permitió interpretaciones políticas distintas. El obispo Manuel Abad y Queipo aseguró que Hidalgo defendió a Fernando VII, mientras que el conservador Lucas Alamán incluyó en la arenga vítores al rey español. Otras versiones modernas lo muestran como un discurso directo contra la opresión y con incentivos claros para sumar seguidores.
“Más allá de las palabras exactas, el mensaje central quedó claro: fin de los tributos coloniales, defensa de la patria, invocación guadalupana y unidad popular. La reacción fue inmediata: la personalidad carismática de Hidalgo, más las injusticias que sufría Nueva España, propiciaron que cientos de campesinos y artesanos se armaron con lo que tenían, y en pocos días el movimiento creció a miles de insurgentes.
“Con el tiempo, la arenga de Hidalgo fue elevada a símbolo nacional. Desde 1812, la independencia mexicana se celebra con un desfile militar; para 1823 ya había celebraciones en los pueblos del país y durante el Porfiriato se instauró la costumbre de que el presidente toque la campana de Dolores la noche del 15”. Historiador Arno Burkholder, publicado en X (septiembre 16 de 2025).
POSDATA
Miro con gusto que la Benemérita Escuela Normal Manuel Ávila Camacho está conmemorando 15 años de institucionalización de su archivo histórico, al que llaman “profesor Salvador Vidal García”. Al evento le han dedicado una exposición documental que “reúne manuscritos, libros de actas, testimonios fotográficos y documentos fundacionales que resguardan la memoria viva institucional, que ha sido pieza clave para forjar la identidad de la escuela y el normalismo de México”.
Previo al actual estado del archivo, en 1998 inició la estabilización del acervo. El maestro David Adolfo Aguilar Dávila, entonces director de la institución, impulsó el arduo trabajo de rescate y una primera limpieza de lo que se localizó en un cuarto del tercer piso del edificio. Se encontraron tesis, tesinas, papelería administrativa y todo lo que es hoy el citado archivo. Por cierto, el período administrativo del maestro Vidal fue la documentación mejor organizada respecto de otros directores. Felicidades BENMAC.
