Gabriela Bernal Torres
Gabriela Bernal Torres

Zacatecas barroca: el templo de Nuestra Señora del Patrocinio en la Bufa (III)

 

Si hay un sitio por de más emblemático en nuestra bizarra capital, es el Cerro de la Bufa. Propios y extraños se congregan para visitar su pétreo crestón, monumento natural que enmarca el paisaje urbano siendo protagonista de postales y fotografías. Pero más allá de la formación geológica, el sitio como tal, simbiosis entre la naturaleza y la historia, tiene otros espacios para visitar. Uno de ellos es el templo de Nuestra Señora del Patrocinio, que data del siglo XVIII y que también tiene su historia dentro de aquella práctica tan generalizada que fue el patrocinio artístico.

Nuevamente, un adinerado minero ennoblecido por los azares de la vida y la fortuna, fue quien construyó esta obra que coronara el sitio donde, según la tradición, se concretó la conquista de los indios zacatecos por parte de las huestes españolas comandadas por Diego de Ibarra. Y es que, según la leyenda filtrada por el crisol de la catolicidad española, fue la Virgen la que ayudó a los españoles para apaciguar a los indígenas, quienes gracias a ella adoptaron una posición amigable hacia los conquistadores. Al respecto, comenzaron las leyendas de una aparición milagrosa: los indígenas vieron en la falda del Cerro de la Bufa una hermosa imagen que cargaba al niño en la mano izquierda, mientras que su diestra sostenía un ramo de rosas en señal de paz.

Sin embargo, no hay que confudir a la Nuestra Señora del Patrocinio con nuestra Señora de los Remedios, a quien se celebra el 8 de septiembre, junto con la conmemoración del descubrimiento de las minas zacatecas. La Virgen del Patrocinio fue una devoción que surgió a finales del siglo XVII, estimulada por el rey Felipe IV, quien a partir de un reinado lleno de tribulaciones, decidió encomendar a España y a todos sus reinos a la protección de esta advocación. Años después, el conde de Santiago de la Laguna, Joseph Rivera Bernárdez, decidió que los zacatecanos debían ampararse bajo el manto de la Virgen del Patrocinio y comenzó con la construcción de una segunda capilla en el sitio donde originalmente se hallaba el santuario a la Virgen de los Remedios, gastando en ello más de 28,000 pesos de la época.

La primera piedra de la construcción fue emplazada aprovechando la visita del obispo de Guadalajara, Carlos Gómez de Cervantes, al cual subieron en silla de manos por el dificultoso camino de la Bufa en el lluvioso mes de julio. Al parecer las obras se llevaron a cabo con una gran celeridad, ya que para el mes de noviembre de ese mismo año se celebró su dedicación, lo cual sorprende si pensamos en la época.

Para tener pormenores acerca de la fiesta de dedicación en la que obviamente el conde tiró la casa por la ventana, podemos remitirnos a la Gaceta de México, el periodico por excelencia de la Nueva España, donde se nos aportan varios detalles.  Gracias a la publicación, se puede saber que para tal solemnidad se realizaron comedias, corridas de toros -tan polémicas hoy en dia-, fuegos artificiales, procesiones, banquetes, misa y el obligado sermón. Rivera Bernárdez hizo gala de su carácter devoto y desprendido, e hizo pública su devoción a una advocación que claramente hacia referencia al grupo conquistador y a España. Emplazando la capilla en el justo sitio donde los zacatecos se resguardaron de los españoles, resaltó el papel de éstos últimos en la creación de la ciudad señorial gobernada por la élite minera desde sus inicios. Y es así que, visto desde esta óptica, la construcción de la capilla parece ser una apropiación de la memoria de la ciudad por parte del conde, en la cual mezcla la devoción local con la exaltación de los mineros fundadores de los que se sentía un continuador. Las élites mineras, como vemos, no solo pagaban, sino que incluso podían situar devociones y edificar santuarios donde consolidaban su poder, prestigio y consciencia de grupo. Hay un detalle que quizá haya pasado inadvertido, ya que quizá aparecería una cierta añoranza personal en las muestras devocionales del conde: en la villa de Pedroso, en la Rioja, España -lugar de donde era originario-, se celebra cada 8 de septiembre a Nuestra Señora del Patrocinio en la ermita del mismo nombre construida hacia 1670. Quizá, habiéndose conjugado las devociones de los dos lugares que tomó por hogares, Rivera Bernárdez quiso legar una obra en donde se resaltara su nombre y fama como minero ennoblecido.

 


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