Hacia una Reforma de Estado
“En verdad no nos alcanza el sentimiento, para gritar debidamente en contra del recuerdo”: Efraín Huerta
La verdad es que muchos estamos hartos de tanta reformita electoral, que no resuelve el gran problema de los mitos creados alrededor de la constitución de 1917. Y sí, los gobiernos emanados de la Revolución y aquellos que le siguieron hasta hoy día, no se han destacado por meterle mano a las normas fundamentales del Estado mexicano. La fórmula ha sido muy sencilla: si la constitución estorba, debemos reformarla. Así, el remendado -hasta el cansancio-, texto constitucional, ya no corresponde a las necesidades políticas del país.
¿Por qué la negativa de avanzar hacia una nueva constitucionalidad? ¿Sigue siendo el modelo presidencialista necesario y fundamental para el desarrollo nacional? Considero que el problema radica en la cultura política, que evita a toda costa el valor necesario para impulsar un cambio constitucional y abandonar el texto de 1917 que ya dejó de tener valor político y jurídico.
Una Constitución tal maltrecha como la que tenemos, viviendo de milagro en estado de coma, sin que nadie se atreva a darle muerte asistida, para avanzar hacia nuevas formas de organización como ha sucedido en otros países del continente.
Y el problema se recrudece cuando se convoca a foritos entre cuates, con formatos terribles como los que se realizaron. Mi ponencia no fue aceptada en el foro en Zacatecas y quienes participaron tuvieron sus cinco minutos para exponer (sic) sus ideas y propuestas.
La neta es que los foros fueron una tomadura de pelo, como han sido los anteriores de otros sexenios, con la excepción de 1996, donde la participación de la academia fue muy importante. Las mentes de los políticos siguen cerradas a cambios verdaderos, y ya no se diga de los parlamentarios, quienes están más preocupados por la lana que se embolsan o por acomodar a sus familiares en los puestos de elección popular.
Una nueva Constitución debe contener todos los avances sustanciales en materia de derechos humanos que se han conquistado hasta hoy día; debe proteger a los estratos más pobres y a los pueblos originarios; debe establecer un nuevo sistema político alternativo al presidencialismo a ultranza que nos ha ahogado por años. En materia electoral se debe establecer la obligatoriedad de elecciones primarias, abiertas y simultáneas para comenzar a darle cristiana sepultura al autoritarismo al interior de los partidos. De igual manera, se debe de modificar el sistema electoral y los procedimientos de representación proporcional.
Estoy a favor del establecimiento de listas abiertas en materia de representación proporcional. Que sea el ciudadano el que establezca el orden de los candidatos y no la facción dirigente, como ha sucedido hasta la fecha. Darle mayor poder al ciudadano es vital en nuestro sistema electoral.
Asimismo, es necesario revisar el sistema de partidos y buscar nuevas fórmulas para reducir a su máxima expresión el financiamiento público. El enorme gasto en financiar a los partidos cumplió su cometido, pero hoy en día ya es necesario que se reduzca, pues no se justifica que se destinen miles de millones de pesos a las instituciones políticas, las que están obligadas a autofinanciarse con mecanismos estrictos de transparencia. Y el INE ya debe de bajar de peso, porque también gasta a lo cabrón. Son tantos consejeros con salarios que insultan, ya basta.
Pero también es necesario revisar la administración pública para irse despidiendo de secretarías para acomodar a los cuates, que la mayor de las veces son un estorbo para el funcionamiento del gobierno. Es por ello necesario una reforma de Estado, sí. Y por favor, dejen de jugar a los foritos que de nada sirven, son simplemente pasarelas de funcionarios grises que en nada contribuyen a un gran debate nacional sobre las instituciones que hacen falta en el país.
Por cierto, la señora Ayuso (presidenta de la Comunidad de Madrid) y su velo de corrupción que carga, no es bienvenida a nuestro país. Y cuando hable de México lávese primero la boca.
