Sigifredo Noriega reconoce avances en materia de seguridad, pero falta avanzar; advierte que sectores productivos aún sufren cobro de “impuesto violento”
ZACATECAS.– Tras el hallazgo de siete personas asesinadas en Tepezalá, Aguascalientes, de las cuales seis fueron identificadas como zacatecanas, el obispo de la Diócesis de Zacatecas, Sigifredo Noriega Barceló, lamentó los hechos de violencia y advirtió que “nos hace pensar que esta realidad continúa, que está ahí, que vuelve a salir cuando menos lo piensa uno”.
Reconoció que hay avances en seguridad, pero es necesario avanzar en otros ámbitos porque aún se registran extorsiones a sectores productivos, “el cobro de un impuesto que trae amenaza de violencia”.
PIDE FORTALEZA A LAS FAMILIAS
Luego de la identificación de las víctimas, entre ellas Alan Antony, de 19 años; Frida Michell, de 22; Miguel Adán, de 24, José Eduardo, de 41; Manuel de Jesús y Coral Esmeralda, el prelado, en conferencia de prensa después de su homilía dominical, calificó la situación como “muy triste”.
“Pienso primero en las familias de estos jóvenes, para mí es mucho muy lamentable, el sufrimiento aumenta, el ambiente vuelve a estar difícil, pesado, nos hace pensar que esta realidad continúa, que está ahí, vuelve a salir cuando menos lo piensa uno, que no solo nos haga pensar, tomar nosotros mismos las preocupaciones, también colaborar para que esto no vuelva a pasar”.
“Es muy triste, eran muy jóvenes, aunque fueran adultos, son vidas, son familias, y es un ambiente que, desgraciadamente, sigue siendo negativo para la sociedad. Que Dios conceda fortaleza a los familiares y la conversión a los asesinos”, enfatizó.
CONFIRMA EXTORSIONES
Noriega Barceló explicó que desde la Iglesia no han detectado problemas de seguridad en los límites con otros estados, pero consideró que los grupos del crimen organizado modificaron sus tácticas: “antes era más aparatoso, más directo; ahora es de otra forma”.
No obstante, confirmó que desde la Diócesis se han detectado casos de extorsión en distintos sectores atendidos por la Iglesia Católica, como comerciantes, ganaderos, campesinos, constructores, entre otros, un problema que, afirmó, está tan extendido que es preocupante.
“Es un Estado sobre otro Estado, como un impuesto, un impuesto violento. A nadie nos gusta pagar impuestos, con mucha más razón imagínense un impuesto que trae amenaza de violencia; eso todavía se está dando, desgraciadamente”, enfatizó.
En este sentido, el jerarca católico reconoció que todavía falta camino por recorrer. “Quisiéramos que esto ya terminara y que la gente pudiera trabajar con tranquilidad”, puntualizó.
Insistió en que se han registrado avances en seguridad; sin embargo, consideró que “esto no significa ya el triunfo”, sino que es necesario avanzar en otros ámbitos que son más en corto, que hacen menos ruido, son menos visibles, pero más sensibles
