El 5 de mayo de 1900, en el porfiriato, en Monte Escobedo, el presidente municipal, Manuel R. García, ordenó un mensaje telegráfico al supremo gobierno, que respondió Jesús María Castañeda, secretario de gobierno, en su papel de fedatario y empleado gubernamental. Esos mensajes fueron los hechos inaugurales de un acontecimiento para el pueblo de Monte Escobedo. Hay historiadores que por comodidad narrativa acondicionan su discurso paternalistamente, todo lo atribuyen al ejecutivo federal, aunque los hechos sean de índole estatal; también hay narrativas que exageran lo estatal como autonomía independentista
Monte Escobedo. Mayo 5 de 1900, antes del mediodía. Manuel R. García, presidente municipal, ordenó un mensaje telegráfico; quizá improvisado, tal vez dicho o leído en un papel. Dijo: “Esta presidencia por sí, en nombre de la asamblea municipal, y demás funcionarios y empleados municipales, se honra en felicitar al supremo gobierno una vez más, con motivo importante mejora del telégrafo con que nos agració; felicitación que por su nobleza y desprendimiento bien merece ejecutivo, tanto más, cuanto con ello se ha dado se ha dado un paso más sobre el camino del progreso”.
Tras la recepción, a las once y 5 de la mañana, Jesús María Castañeda, secretario de gobierno, bien en su papel de fedatario y empleado gubernamental, respondió: “Con satisfacción se ha enterado el ejecutivo del mensaje de U[sted] en que comunica se inauguró la oficina telegráfica en ese lugar, quedando unido con la capital y demás pueblos del estado; y el mismo ejecutivo felicita a U[sted] y por su conducto a los munícipes y demás funcionarios por esa mejora de tanta importancia”. Anotamos todas las palabras, para indicar que el mensaje básico era de diez palabras y dependiendo de la distancia se cobraba el costo, el excedente se cobraba por cada palabra emitida.
Esos mensajes, de emisión y respuesta, fueron los hechos inaugurales de un acontecimiento para el pueblo de Monte Escobedo; son dos hechos cuasi hitos para el discurso del “progreso” de la entidad “durante el porfiriato” —hay historiadores que por comodidad narrativa acondicionan su discurso paternalistamente, todo lo atribuyen al ejecutivo federal, aunque los hechos sean de índole estatal; también hay narrativas que exageran lo estatal como autonomía independentista—.
Antes de los actos oficiales de comunicación, hay precuelas. Tres días antes llegó el tendido del cableado y el establecimiento de una oficina del sistema telegráfico estatal. Al arribar y colocar las máquinas necesarias, se hizo una primera prueba, se mandó un mensaje. Félix Pacheco, el jefe de obra o “constructor” envió un telegrama. El primero desde Monte Escobedo. Bien llegó e instaló, mensajeó. Manuel M. Medina, director de la Red telegráfica y telefónica del estado de Zacatecas —su nombramiento fue hecho por el gobernador Jesús Aréchiga— oficializó los hechos con un oficio, el 59 de su oficina, enviado al ejecutivo estatal.
Medina dijo: “tengo la honra de poner en el superior conocimiento de ese supremo gobierno, que hoy a las once y media de la mañana llegó el constructor Félix Pacheco con el hilo telegráfico a Monte Escobedo habiéndose instalado la oficina respectiva. Me es felicitar a esa superioridad, por la importante mejora que se ha llevado a cabo. Reitero a usted las seguridades de mi distinguida consideración y respeto. Libertad y Constitución. Zacatecas, mayo 2 de 1900”.
Al día siguiente respondieron de la dependencia oficial, se hizo desde la sección 1 de la secretaría de gobierno. Era el mensaje 335. “Queda enterado este gobierno de que ayer a las 11 am llegó el constructor Félix Pacheco con el hilo telegráfico a Monte Escobedo, habiéndose instalado la oficina respectiva. Lo digo también en respuesta a su oficio también de ayer. Libertad y Constitución. Zacatecas 3 de mayo de 1900”. Firmaron el oficio histórico el gobernador interino Ramón Romero y el secretario Castañeda.
Asentemos: el pueblo serrano fue conectado al resto de la entidad. Los telegramas fueron colocados para los particulares y el gobierno, el cual tuvo en el medio otro instrumento de control y vigilancia —diario se debía reportar de todo a la jefatura política de Jerez y ésta a su vez debía informar cotidianamente al gobierno estatal—.
Para alcanzar el cumplimiento hasta Monte Escobedo, desde febrero el congreso amplió el presupuesto estatal. Lo solicitó el director Medina y lo respaldo el gobernador Aréchiga. El establecimiento y el servicio del telégrafo es histórico, es parte de la promesa del “progreso” material. Es análogo al ferrocarril y las edificaciones gubernamentales. La empresa de mensajería fue de índole estatal, diferente a las iniciativas federal y del ferrocarril.
RECOMENDACIÓN BIBLIOGRÁFICA
La escritora María Magdalena López Espinosa presenta esta tarde su más reciente obra: “Una voz para el cenzontle impávido. La relación poética entre López Velarde y Cabral del Hoyo (UAZ, 2026)”. El libro muestra parte de los temas tratados por el jerezano y la lectura y recepción del zacatecano, ambos poetas. Es solvente académicamente y da nota de cómo es la interacción y originalidad de los escritores.
COLUMNA: TRAVESÍAS
TÍTULO: Los primeros telegramas desde Monte Escobedo
AUTOR: MARCO ANTONIO FLORES ZAVALA
