Efecto espejo
En casa aprendemos que las reglas y normas nos ayudan a tener un ambiente sano y a vivir en paz y armonía. Desde pequeños nos enseñan acciones sencillas, como recoger nuestras cosas, respetar horarios y tratar bien a los demás. Aunque parezcan cosas pequeñas, son las que nos ayudan a convivir mejor con nuestra familia y, más adelante, con toda la sociedad.
Para mí, influye mucho ver que los adultos respetan las reglas y las leyes. Cuando los veo tirar la basura en su lugar, cuidar el medio ambiente, respetar a las demás personas y resolver los problemas mediante el diálogo, entiendo que esas acciones son correctas y que también debo practicarlas. Los niños aprendemos mucho observando a los adultos, por eso es importante que nos den un buen ejemplo.
Creo que un buen ciudadano es aquella persona que respeta las normas de convivencia en cualquier lugar: en su casa, en la escuela o en su comunidad. También es alguien que cuida los espacios públicos, respeta el mobiliario y trata con respeto a quienes lo rodean. Sin embargo, ser buen ciudadano va más allá de no tirar basura. También significa respetar las filas, obedecer los semáforos, no dañar las paredes ni afectar a los vecinos con nuestras acciones. Lo más importante es entender que las reglas existen para ayudarnos a convivir mejor y mantener un ambiente sano para todos.
Por otro lado, considero que cuando una persona no sigue las reglas y engaña para obtener un beneficio está actuando de manera corrupta. Además de afectar a los demás, también se engaña a sí misma y pierde algo muy valioso: la confianza de otras personas. La honestidad es importante porque evita problemas, desacuerdos y conflictos que pueden perjudicarnos tanto a nosotros como a quienes forman parte de nuestra comunidad.
Lamentablemente, a veces las personas ignoran las normas aun sabiendo el daño que pueden causar. Esto puede verse en las casas, en los parques, en las escuelas y, sobre todo, en las calles y carreteras. Algunas personas creen que son más importantes que los demás o incluso piensan que la violencia es la solución a los problemas, cuando en realidad solo generan más conflictos.
Por eso pienso que ser valientes y decir siempre la verdad es una de las mejores formas de evitar que la corrupción gane en el futuro. También es importante que los niños nos ayudemos entre nosotros a hacer lo correcto y que los adultos continúen dando un buen ejemplo.
Las normas deben respetarse en todos los lugares, sin importar si estamos en casa, en la escuela, en el parque o en la calle. Los valores no cambian según el lugar donde nos encontremos. Cuando actuamos con respeto y responsabilidad demostramos quiénes somos realmente y todo lo que hemos aprendido.
Por eso, siento tristeza, decepción e incluso enojo cuando veo a algunos adultos realizar acciones incorrectas, aunque parezcan pequeñas, como saltarse una fila. Los niños observamos esas conductas y muchas veces las tomamos como ejemplo, por lo que es importante que los adultos también reflexionen sobre sus acciones.
Finalmente, creo que la honestidad puede generar un gran cambio en la sociedad. Si mis amigos me ven tirar la basura en su lugar o respetar las reglas, es más probable que ellos también lo hagan. A esto lo llamo un “efecto espejo”. De esta manera podemos influir positivamente en otros niños e incluso en algunos adultos. Poco a poco, entre todos, podemos construir una comunidad más respetuosa, tranquila y justa, donde exista una mejor convivencia y donde la paz y la armonía sean una realidad para todos.
*Escuela Primaria María R. Murillo, Quinto Grado
