De por qué la forma es fondo
A lo largo de mi vida académica y profesional, he tenido la fortuna de asistir a una ya considerable cantidad de informes de gobierno en todos los ámbitos. Y, entre otras cosas, en la reflexión de esos eventos uno puede analizar la famosísima frase de “la forma es fondo”: las y los actores políticos y gubernamentales buscan afanosamente un espacio específico para pretender destacarse, verse o aparecer, de tal forma que se note su presencia en los escenarios.
Me ha tocado ver de todo: desde informes de gobierno de quién ocupó la titularidad del Poder Ejecutivo federal, hasta un modesto ejercicio de rendición de cuentas en determinado municipio que se distingue por su situación precaria y poca población; en todos hay la misma dinámica: los equipos gubernamentales buscan darle el espacio suficiente y correcto a las personas, en muchas ocasiones, tratando de mediar entre las exigencias del personaje político en turno, hasta aplicando la operación relleno para que no se vean sillas vacías.
Recientemente pude asistir a varios de esos ejercicios gracias a la invitación que me hicieran las personas titulares de presidencias municipales, así como gracias a la comunicación que tuvimos para afianzar la asistencia, la cual no se debió solamente a que es un ejercicio que en lo particular celebro, sino por el aprecio personal y el respeto institucional que existe entre funcionarios ahora que desempeñamos una tarea en el orden de lo público.
Para empezar, es ineludible que sigue y seguirá presente la operación acarreo, que en mi modesta opinión no tiene nada de malo, pues una consideración alrededor de ello es que hay que facilitarle al ciudadano el que forme parte de un ejercicio de rendición de cuentas que, si no fuera por el propio esfuerzo gubernamental para que pueda acudir a esas instancias, difícilmente tendría la condición óptima para hacerse presente y tomar ese espacio de ciudadanía que le acerque a todo aquello que la autoridad tiene que decir respecto del trabajo realizado en un ejercicio determinado o bien, su perspectiva política de la situación personal o de gobierno.
Por otro lado, resulta divertido observar la presencia de la “avanzada” de las y los actores políticos que, quizás se eludiendo al pueblo o bien “apretados” de tiempo por otra agenda en particular, no habían tenido la oportunidad de llegar puntuales a los eventos y pudieron hacer uso de sus equipos de trabajo para garantizar la silla que les permitiera estar en las primeras filas y con ello ser caras visibles para las fotografías, los videos o quienes atendían los espacios dispuestos en el escenario de ese espacio.
Además de lo anterior, no sobra señalar la falta de coordinación existente entre los entes gubernamentales para que todos los participantes entendieran la importancia del ejercicio y fluyera la comunicación, para darles espacios y que las diferentes expresiones políticas, gubernamentales y administrativas tuvieran un rol claro y con ello evitar que “equis” persona o personaje público que pudiera sentirse menospreciado o vilipendiado porque no tuvo lugar que le correspondía: la forma es fondo.
Si usted se pregunta “y eso, ¿qué?”, déjeme compartirle esto: la atención/cortesía política y la jerarquización de posiciones tiene que ver con una tradición fuerte que tenemos en este país, que data de añísimos atrás, que consiste en el entendimiento de los diferentes estados de responsabilidad, escalafón y mando que pueden y deben permear en el espacio público para que cada quien entienda su lugar.
Total que, en esta idea de que la forma es fondo, hay lugares en donde se desarrollan esos informes que a lo largo de mi vida he presenciado, en los que el juicio de los equipos que son responsables de la organización de esos eventos no se da muy bien: para esos participantes de la logística es más importante que esté en primera fila una persona titular de un instituto de una determinada tarea de no mucha envergadura, que una persona que es titular de una cartera como educación o salud; le parece más importante un legislador que tiene a su cargo un distrito electoral pequeño, que un representante de una dependencia gubernamental con responsabilidad estatal, o bien, es más importante un pequeño empresario cuate de un funcionario municipal que un rector de una universidad con cobertura estatal. Y así le puedo señalar distintas comparaciones. El punto es que no saben, no dimensionan.
Enrique Galeano escribió hace muchos años una obra maravillosa que se llama “Patas arriba” en la cual se explica cómo puede funcionar la sociedad posmoderna actual dominada por una serie de factores que tienen que ver con poder político o poder económico, donde todo excepto la consideración del género humano y el desdoble de esas estructuras de valor humano pueden imperar en razón de otros espacios que no tienen nada que ver con la posición económica o la influencia política.
Se lo comento porque pareciera que, de unos años para acá, en estas cosas gubernamentales, estamos “patas arriba”, donde no hay imperio de la lógica y la consideración, donde dominan ciertas decisiones razonamientos que no tienen lógica y, en consecuencia, no hay orden. Y el orden es básico para atender las cosas públicas: si en la forma no hay orden, en el fondo hay desastre.
*Doctor en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Administración Pública, UNAM
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