Seamos solidarios
La cultura de la legalidad comienza cuando entendemos que respetar las normas no solo evita problemas, sino que también protege los derechos y el bienestar de todas las personas. Vivimos en una sociedad donde convivimos todos los días con muchas personas, tanto en la escuela como en internet.
Para que esa convivencia sea sana, segura y respetuosa, es necesario que existan las reglas, igual que en un juego o en un deporte. En mi opinión, así como seguimos un reglamento en un juego o deporte para que todo sea justo y ordenado, también debemos aplicar reglas en la escuela y en Internet para que la convivencia sea tranquila, cómoda y segura, y podamos realizar nuestras actividades de una forma adecuada.
El bullying es un acto de violencia constante de una persona a otra. Las agresiones pueden ser verbales o físicas y provocan que la víctima viva con miedo de manera permanente. El cyberbullying es prácticamente lo mismo que el bullying, la diferencia es que ocurre a través de una pantalla, por medio de chats, redes sociales o publicaciones donde se hacen burlas e insultos. Además, quienes realizan ciberbullying pueden esconder su identidad utilizando nombres falsos o haciéndose pasar por otra persona.
Cuando un niño es víctima de bullying o cyberbullying se vulneran varios de sus derechos. Por ejemplo, el derecho a la no discriminación se rompe cuando es atacado por su apariencia física, su forma de vestir, su origen cultural o cualquier otra característica. También se afecta el derecho a la salud física y mental, ya que puede sufrir estrés, ansiedad, inseguridad e incluso agresiones físicas, lo que daña profundamente su dignidad.
Además, cuando un niño se burla o lástima a otro y no le llaman la atención, puede pensar que no existen consecuencias por sus actos y que lo que hizo está bien. Eso refuerza ese comportamiento y hace que continúe, aumentando poco a poco el nivel de violencia. Al mismo tiempo, quienes observan estas acciones, pueden comenzar a imitarlas, normalizando algo que nunca debería verse como una broma. Para la persona afectada, esta situación sería muy triste, porque al no sentir protección ni seguridad puede llegar a pensar que no es importante o que a nadie le importa lo que está viviendo.
Considero que cuando somos testigos de bullying y no hacemos nada, nos convertimos en cómplices de esa injusticia. Sabemos que está ocurriendo una agresión, y si guardamos silencio o no defendemos a quien lo necesita, parece que estamos de acuerdo con el agresor.
Sin embargo, creo que es una buena idea contar con un buzón anónimo para denunciar casos de bullying de forma segura. Pero también, considero que lo más importante es tener confianza para hablar con un adulto, como nuestros profesores o nuestros papás, y contarles sin miedo cualquier situación que hayamos vivido o presenciado. Incluso podría existir un número de WhatsApp para hacer denuncias de manera libre y segura, donde también se puedan compartir evidencias cuando sea posible.
Como regla de oro, propongo que todos debemos ser responsables, educados y amables al hablar con otras personas, tanto en la escuela como en internet. La forma en que nos expresamos de los demás habla mucho de quienes somos. Siempre debemos procurar dar lo mejor de nosotros, porque como niños a veces actuamos sin pensar y podemos lastimar con nuestras palabras. Cuando eso ocurra, debemos reconocer nuestro error, pedir disculpas y no volver a hacerlo.
Quiero terminar haciendo un llamado a todos, niños y adultos: seamos solidarios. Si somos testigos o víctimas de bullying o ciberbullying, no nos quedemos callados. Actuemos correctamente, denunciemos y apoyemos a quien lo necesite. Solo así podremos construir una comunidad donde el respeto, la empatía y la legalidad sean parte de nuestra vida diaria.
Yo me comprometo a hacerlo. ¿Y ustedes?
*Instituto Bilingüe Tesla, nivel primaria
